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La antropóloga forense Laura González-Garrido sujeta uno de los cráneos encontrados en el Cementerio del Carmen con dos disparos. E.Jiménez
El reto de recuperar la identidad perdida

Memoria histórica en Ponferrada

El reto de recuperar la identidad perdida

La antropóloga forense Laura González-Garrido es la encargada de analizar de forma minuciosa los restos óseos y objetos de las 13 personas exhumadas en el cementerio del Carmen de Ponferrada para intentar lograr una identificación

Esther Jiménez

Ponferrada

Domingo, 30 de junio 2024, 09:17

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El cementerio del Carmen de Ponferrada es el escenario de las últimas exhumaciones en busca de represaliados de la Guerra Civil Española en la comarca del Bierzo. Pero el antiguo camposanto no se lo está poniendo fácil a los miembros del colectivo Sputnik Labrego, ya que todavía hay restos de enterramientos comunes.

De hecho, en la última campaña que se realizó en el mes de mayo, se consiguieron exhumar los restos de 13 personas, de las cuales 7 presentaban evidentes signos de violencia. Ahora, la antropóloga forense Laura González-Garrido, que también estuvo presente durante la primera fase de la búsqueda, tiene el complicado reto de analizar los huesos y objetos encontrados para intentar lograr una identificación.

Tras la recuperación, González-Garrido utilizó en Ponferrada un laboratorio temporal para poder extender bien los restos sobre papeles de filtro absorbente y conseguir que se secaran al aire, ya que «si no los extiendes bien empieza a salir moho, arañas y todo eso pudre el hueso». Después realizó una primera limpieza para posteriormente empaquetar los restos por unidad anatómica de cada uno de los individuos. Todo ello «para poder llevar el hueso con la mejor calidad al laboratorio», que en este caso se encuentra en el área de Antropología Física de la Universidad de León, donde realizará un estudio más minucioso.

Pero en un primer momento, la antropóloga ya pudo observar una evidente diferencia de conservación de los huesos, «dependiendo de la zona, de si se enterró en ataúd porque la madera le da muchísima más humedad y dificulta la conservación». De hecho, uno de los sujetos tenía «trocitos de madera, que están todavía en putrefacción»; otro solo contaba solo con un pie, «lo que quiere decir que este cementerio se satura y se llega a enterrar hasta en los pasillos, entonces lo que hicieron fue hacer los rectángulos en el suelo sin mirar muy bien y se llevaron piernas, pies, brazos, enterraron de nuevo y luego cubrieron», explicó.

Todo ello lleva a una mezcla de las historias de cada uno de los individuos localizados. En uno de los casos, solo se encontraron el tronco y los fémures, estaba recostado de lado y le faltaba la cabeza, un brazo y las piernas. «Pensamos que lo arrojaron y luego hicieron dos tumbas paralelas, una se llevó las piernas y otra la cabeza y quedó horizontal, por lo tanto este enterramiento nos indica que es un enterramiento fuera de lo normal y si tenemos encima registros que nos están diciendo que hay represaliados y que tenemos una en horizontal y de lado, te da indicios de que puede ser un víctima», señaló la antropóloga.

Por tanto, el análisis del esqueleto es fundamental para establecer esos indicios que, según González-Garrido, se ven más en el cráneo y en el tórax «porque los fusilamientos iban a dar a matar pero si daban en el tórax tenían que asegurarse la muerte con el tiro de gracia en el cráneo por eso en este caso, que no tiene cráneo, se nos complica». Será entonces cuando tendrá que ver si hay indicios de proyectiles o agujeros y «si ha cosas más minúsculas en vértebras».

Otro de los restos encontrados solo contaba con un cráneo, en el que nada más recuperar las partes -estaba completamente roto- y reconstruirlas «te das cuenta de un disparo de entrada justo encima de la ceja izquierda y otro en la sien». «Y aquí necesitas tiempo para limpiar y luego para reconstruir y al verlo tan frontal, ayudados de historiadores y arqueólogos, pensamos en un pelotón de fusilamiento, quizás el de la sien pudo ser un tiro de gracia con arma corta porque es más lateral», indicó.

Trabajo minucioso

Un trabajo muy minucioso con el que Laura González-Garrido estará hasta el mes de octubre «porque tengo que mirarlo todo, tengo que entender qué les ha pasado y aunque tenemos un registro de todos los enterramientos con su zona, su fila y demás, no tenemos un mapa del cementerio», lo que dificulta la tarea. Por ello, tendrá que «perfilar muy bien cada individuo» y luego intentar determinar quién cuadra con qué parcela, «por eso es muy importante porque en el registro tenemos sexo, que se saca muy bien de los huesos, edad, que también se ve en los huesos y causa de muerte. Así, si encontramos una tuberculosis ya vemos si lo tenemos y si al lado tenemos uno con una fractura pues ya lo tenemos, hay que ser superpuntillosos sobre todo a la hora de certificar la causa de la muerte».

De este modo, tendrá que determinar un perfil biológico -sexo, edad y estatura-, las patologías ante mortem, post mortem y peri mortem y fotografiar todo, para después realizar un informe que remitirá a los arqueólogos que, con «el informe histórico y el arqueológico, se hace un informe único, se sacan unas conclusiones y luego se hacen unas sugerencias de identificación. Es decir, creemos que, por la edad, el sexo, las patologías, la forma de muerte, la causa, se puede tratar de esta persona y luego habría que cotejarlo con su familia».

Ahí entraría el análisis de ADN, a través de las muelas de los restos -en el caso de que las tuviera- y su comparación con el de algún familiar. Pero no valdría cualquier familiar, «hablamos de los años 40 o 50, en los que la mayoría morían solteros sin hijos, entonces tenemos sobrinos que a veces no funcionan». Y es que, como explicó la antropóloga forense, existen dos formas de obtener ADN relacionado con familiares: «la primera es siempre vía materna, que valdría madre, hermana o incluso hermano porque también tendría el ADN materno, pero si aparece un primo pero que la madre es política ya no vale; y la segunda, si eres hombre, cromosoma Y, ahí sí, va por el lado paterno en hombres. Entonces ahí también tienes que jugar con quien cotejarlo».

Objetos y otras peculiaridades

Pero no solo los huesos hablan sobre las personas, también los objetos con los que fueron enterrados y en este caso se han recuperado algunos que pueden ofrecer información sobre sus portadores, y es que «la materialidad, los objetos, a veces te dan datos que no te pueden dar los huesos».

En dos de los restos exhumados se encontraron un puente y una prótesis dental que, según Laura González-Garrido, dan a entender que pueden ser personas «con un nivel adquisitivo alto o muy alto porque nadie hacía esto en esa época». Sobre la prótesis, «me haré un estudio porque tengo que mirar si llego incluso al fabricante, por lo menos llegar a una época en la que se hacía».

Lo mismo ocurre con los zapatos, que en el caso de uno de los individuos, se localizó una suela de caucho de una alpargata del número 37 de Calzados La Estrella-Fernández Hermanos de Logroño, que se empezó a fabricar en los años 50 del pasado siglo. Además de botas de cuero, algunas en buen estado de conservación.

Pero también proyectiles, restos de ataúdes -con manilla y llave incluidas-, ropa, botones, medallas de la Virgen del Pilar e incluso crucifijos. «Hemos tenido dos con un crucifijo, entonces ya sabes que es un enterramiento con cuidado, hecho por la familia, y entonces el concepto cambia. Pero también tenemos otro enterrado con ropa, con botas y todo, con un crucifijo y con un tiro de gracia en la cabeza, entonces tampoco te puedes fiar. A veces algún familiar se enteraba de lo que había pasado y no le dejaban enterrarlo donde quisiera pero le daban un poco de pena y le dejaban enterrarlo en el ataúd que traía la familia», aseguró la antropóloga.

Así, el análisis óseo y de los materiales, junto con un conocimiento de la organización del cementerio son cruciales para el objetivo final de esta iniciativa, que no es otro que «devolver los restos a las familias que los reclaman o que no sepan que los tienen ahí, porque los represaliados no se anunciaban en un tablón de anuncios».

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