Las tormentas de julio sumadas a los últimos calores propiciarán una generosa cosecha tras tres años de sequía

Majuelo en el valle Botijas, junto a Peñafiel (Valladolid). /Ramón Gómez
Majuelo en el valle Botijas, junto a Peñafiel (Valladolid). / Ramón Gómez

La humedad del mes pasado obliga a extremar los cuidados para controlar las enfermedades fúngicas

NIEVES CABALLERO

De un extremo al otro. Si la cosecha de uva estuvo marcada en 2017 en Castilla y León por la sequía, las heladas, el adelanto de la vendimia y un descenso significativo en los kilos recogidos, las abundantes lluvias de primavera y verano garantizan este año los recursos hídricos en la viña y una recolección abundante, salvo excepciones.

Eso sí, la humedad ha obligado a los viticultores a extremar los controles para prevenir las enfermedades fúngicas (mildiu y oidio), endémicas en algunas zonas. El ciclo vegetativo de la uva se encuentra retrasado respecto a 2017 y es previsible que la vendimia llegue en las fechas habituales. Arrancará en Cebreros con la variedad albillo real entorno a la segunda o tercera semana de agosto, se generalizará en septiembre para las variedades tintas y terminará en las zonas más frías a finales de octubre

El director técnico de la Denominación de Origen Ribera del Duero, Agustín Alonso, señala que es «demasiado pronto, pero en un principio la sanidad es buena porque los viticultores han reaccionado a tiempo para aplicar los tratamientos contra el mildiu y están pendientes del oidio».

Las temperaturas más templadas del mes de julio y el abundante agua del suelo ha permitido el correcto desarrollo de las cepas en junio y, aunque el ciclo vegetativo venía con retraso, este se ha acortado a tres o cuatro días, por lo que Alonso prevé que la vendimia comience en las Ribera del Duero en las fechas de un año normal, a primeros de octubre. Las abundantes lluvias de invierno y primavera y las precipitaciones de julio han permitido que se recuperen las reservas hídricas del terreno, después de tres años de sequía, principalmente en 2017. Los racimos han cuajado bien y las plantas tienen mucho vigor y en muchos casos está obligando a desnietar.

Frente a los importantes daños que se registraron en 2017 por las heladas, este año han sido ligeras y de poca intensidad. Como en otras zonas de la comunidad autónoma, se han sucedido los episodios tormentosos desde finales de mayo, durante julio y la primera quincena de julio, que produjeron granizadas muy localizadas. En 2017 se perdió el 40% de la cosecha respecto a la histórica campaña del 2016, cuando se recolectaron 133 millones de kilos de uva. El director técnico prefiere no adelantar cifras. Sin embargo, el consejero delegado de Vega Sicilia, Pablo Álvarez, ha confirmado que esperan «una cosecha abundante».

También la cosecha de la DO Rueda se vio mermada el 23% en la pasada campaña, cuando se recogieron 83 millones de kilos de uva, frente al récord de 110 millones de kilos de 2016. El director general de al DO Rueda, Santiago Mora, confirma que las plantas están «muy vigorosas por las lluvias de primavera y verano» y prevé que «la vendimia vuelva a las fechas de siempre». Calcula que se recogerán los primeros racimos de sauvignon blanc hacia el 12 o 15 de septiembre para continuar primero con la variedad reina de Rueda, la uva verdejo, y después con las castas tintas. En esta comarca ya se ha tratado contra el oidio, que es endémico, y no es significativa la incidencia del mildiu.

En estos momentos en la DO Toro, el desarrollo de los racimos acumula un retraso de diez días respecto a 2017, aunque hay que tener en cuenta que se adelantó la vendimia. «La planta no tiene estrés hídrico y tiene buena cantidad de racimos. En principio, no hay enfermedades ni plagas, porque ya se ha tratado contra el mildiu», explica el director técnico, Santiago Castro.

La presidenta de la DO Bierzo, Misericordia Bello, recuerda que en esta zona son endémicas las enfermedades fúngicas, y confirma que hay algunas incidencias por el pedrisco, pero no se atreve a adelantar las previsiones de cosecha.

Sí que lo hace la directora técnica de la DO Cigales, Águeda del Val, quien confía en que se alcancen los 7,5 millones de kilos de uva, frente a los 5,9 del pasado año. «Las condiciones de humedad y calor han propiciado la proliferación del mildiu, por lo que los viticultores han tenido que aplicar ya tres o cuatro tratamientos contra este hongo», apunta, antes de recordar que la viña «ha sufrido tres años de sequía», que ya se ha superado. Calcula que la vendimia podría empezar hacia el 25 de septiembre. Algunos viticultores no habían visto mildiu desde 2008.

«Estamos preocupados por el mildiu, como todos los años, aunque nos hemos librado de la piedra de las tormentas», asegura Alejandro González, responsable técnico de la DO Tierra de León. Considera que la vendimia no arrancará antes del 15 de septiembre. El pasado año, esta comarca fue la más perjudicada por la sequía y las heladas con una pérdida de cosecha del 70% frente al año anterior. Pues bien, «los daños tardarán en desaparecer unos cuatro o cinco años», y la previsión es que la cosecha se quede en el 55% respecto a un año normal.

Por el contrario, la DO menos afectada fue Arribes, donde se esperar recolectar alrededor de un millón de kilos de uvas, según ha calculado su director técnico, Carlos Capilla. Esta zona está libre de enfermedades, aunque es pronto para detectar si hay mildiu larvado.

Los viticultores también se han visto obligados a tratar contra el oidio en una zona que ha registrados nieblas en pleno verano. «El envero presenta un retraso de 15 o 20 días y la vendimia comenzará a finales de septiembre, las fechas de siempre», según Teresa Antón, directora técnica de la DOP Valles de Benavente.

«Después de una campaña desastrosa como la del año pasado a causa de las heladas y la sequía, la viña está muy bien porque tiene reservas de agua», ha apuntado José Ignacio Marqués, director técnico de la DO Arlanza. El oidio también es endémico en esta zona y los viticultores han tratado las parcelas afectadas. En 2017 se recogieron 510.000 kilos con una merma del 40% respecto a los 1.250.000 kilos de 2016, año en el que se registró un récord histórico, aunque Marqués no cree que se repita en esta campaña. Piensa que la vendimia comenzará hacia la segunda semana de octubre. Las heladas y las granizadas han sido puntuales, y no han afectado de forma importante. «Hemos tenido suerte porque esto es una lotería», ha señalado.

Los racimos han cuajado también bien en los viñedos de la DOP Tierra del Vino de Zamora, donde hubo alguna helada puntual a finales de abril. Esta comarca «no suele estar afectada por las enfermedades porque está muy aireada», según ha explicado José Manuel Braña, quien augura «una cosecha buena, después de la horrible que fue la del año pasado». En 2017, vendimiaron medio kilos de uva y este año confía en que se alcance el millón.

«Ha llovido para aburrir, hay mucha humedad y días de niebla, por lo que es un año complejo y se va a perder producción por el mildiu y el oidio, que han obligado a tratar este año la viña», ha explicado Miquel Udina, el director técnico de la DOP Sierra de Salamanca, quien prevé cerca de un 20% menos de kilos en algunas parcelas. Al mismo tiempo, «va a ser una cosecha muy interesante, tipo las de 2004 y 2014, porque es un año más fresco y la uva tiene mayor acidez».

Para la DOP Vinos de Calidad de Cebreros será la segunda añada calificada. La directora técnica, Marta Burgos, espera que se superen los 630.000 kilos de uva del pasado año porque se han inscrito nuevas viñas. Será la primera en vendimiar la variedad blanca albillo real.

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