Fiscalía pide 11 años y ocho meses para la berciana que simuló su secuestro y una agresión con pegamento en la vagina

La acusada tras su detención. /César Sánchez
La acusada tras su detención. / César Sánchez

La joven fue detenida tras la confesión de su cómplice que permitió la puesta en libertad de su exnovio

LEONOTICIAS DIARIO DIGITALLeón

Vanesa G.G., la berciana que simuló su secuestro y una brutal agresión sexual, se enfrenta a una pena de 11 años y ocho meses de cárcel como autora de los delitos de denuncia falsa y de detención ilegal en concurso medial.

Es la petición del Ministerio Fiscal en el caso contra la faberense que mantuvo en vilo a toda una provincia tras dar a conocer la presunta agresión que había cometido su expareja, al que le acusó de haberle propinado una paliza y rociarle la vagina con pegamento para que ingresará en prisión.

La confesión de su cómplice, Fernando V.A., que también se sentará en el banquillo de los acusados, fue crucial para la detención de la mujer en las dependencias de los Juzgados de Ponferrada, donde la mujer estaba citada a someterse a una prueba con el perito forense.

Una detención que permitía la puesta en libertado de Iván R.G., que permaneció en prisión como presunto autor de los delitos de detención ilegal y quebrantamiento de condena derivado de la violencia sobre la mujer.

Los hechos ocurrieron en octubre de 2016, dos días después de que la ex pareja de Vanesa, saliera de prisión. Fue entonces cuando la mujer, con la ayuda de su cómplice, armó el falso secuestro en Fabero, donde residía ella, para luego desplazarse hasta Bembibre, lugar en el que vivía su ex y donde habían tenido lugar las vejaciones, según había relatado en su momento la «víctima».

Fue allí donde, según había contó Vanesa, la dejaron maniatada y desnuda en el barrio de la Estación de la capital del Bierzo Alto y fue cuando en una farmacia le prestaron los primeros auxilios. Después fue trasladada al centro de salud y una vez realizadas las curas, se dirigió al cuartel de la Guardia Civil para denunciar los hechos, que se saldó con la detención, un día después, del presunto agresor.

Días después, la Guardia Civil demostró, gracias a las grabaciones de un bazar chino de Fabero, donde la víctima compró el pegamento y todo lo necesario para perpetrar su propia agresión, y de las de las cámaras de las carreteras entre Fabero y Bembibre, que todo había sido una farsa para mantener en prisión a su ex pareja, que nada más conocerse el giro en los acontecimientos fue puesto en libertad.

La simulación de un secuestro

Según la versión de Vanesa, a las 23:00 horas del lunes 19 de octubre de 2016 salió de su vivienda para pasear a su perro como cada noche. «Me llamó la atención que las luces del edificio estuvieran apagadas pero al salir me agaché para atarse los cordones de los playeros y en ese momento me agarraron por el cuello, me empujaron contra la pared y me amenazaron de matar a mi hijo si gritaba».

Posteriormente, la metieron en un vehículo y la llevaron desde Fabero a Bembibre, localidad natal de su expareja. Allí, en un trastero maniatada y con una media cubriéndole los ojos, la sometieron a numerosos abusos y vejaciones, incluso le llegaron a rociar pegamento en la vagina.

Después de eso, la volvieron a introducir en el coche y «me dejaron desnuda y maniatada en una zona oscura y sombría del barrio de la Estación». La mujer fue timbrando en los edificios de la zona para pedir auxilio hasta que llegó a una farmacia, donde le prestaron los primeros auxilios. Después fue trasladada al centro de salud y una vez realizadas las curas, se dirigió al cuartel de la Guardia Civil para denunciar los hechos, que se saldó con la detención, un día después, del presunto agresor.

Precisamente, la mujer solicitó ese mismo sábado su ingreso en prisión después de que le enviase mensajes amenazantes aunque el Juzgado consideró que la medida de control de la pulsera telemática que lleva el presunto agresor era suficiente. Un sistema de protección que no funcionó dado que la mujer no llevaba el dispositivo de control en el momento de la supuesta agresión.

«El problema es que a mí me llevaron con lo puesto y aunque lo llevara el teléfono lo iban a tirar a la primera papelera que encontraran, porque sabían que pita», relataba la víctima, que en el año que lleva separada ya son once las denuncias presentada contra su expareja después de que los malos tratos empezaran a los ocho meses de una relación que duró doce meses. Una situación de la que era consciente el hijo de la mujer, para el que pidió reiteradamente protección.

«Yo llevo un dispositivo, mi hijo no. Mi hijo estuvo horas solo con una puerta abierta y se lo podían haber llevado esa noche». «Me desubicó porque hubiera puesto la mano en el fuego por él. Éramos amigos desde hace años. Creí estar con una persona que conocía y la realidad fue que estaba metiendo a un psicópata en mi casa», sentenció Vanesa, que ahora se enfrenta a la justicia y la crítica social por la simulación del secuestro y la brutal agresión.

Contenido Patrocinado

Fotos