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El cantante y guitarrista de Los Secretos, en uno de los conciertos de la banda. Fest Pedralves
«A mí el botillo me gusta bastante pero, es fuertecito»

Álvaro Urquijo, cantante de Los Secretos

«A mí el botillo me gusta bastante pero, es fuertecito»

Los Secretos desembarcan este viernes en la Sala La Vaca de Ponferrada (22.00 horas) en un concierto que se enmarca en su gira 'Recuperando las emociones' y en el que sonarán temas míticos de la banda como 'Pero a tu lado', 'Sobre un vidrio mojado' y 'Déjame'

Carmen Ramos

Ponferrada

Viernes, 2 de febrero 2024, 08:17

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Álvaro Urquijo es a Los Secretos lo que Los Secretos son para Álvaro Urquijo. Un grupo mítico del panorama musical, nacido al amparo de la movida madrileña, cuyas canciones forman parte de la banda sonora de nuestras vidas. Los Secretos desembarcan este viernes en la Sala La Vaca de Ponferrada (22.00 horas) en un concierto que se enmarca en su gira 'Recuperando las emociones' y en el que sonarán temas míticos de la banda como 'Pero a tu lado', 'Sobre un vidrio mojado' y 'Déjame'.

¿Qué supone para Los Secretos recalar de nuevo en El Bierzo?

Estamos felices. Nos sentimos muy afortunados por poder seguir trabajando. El hecho de que un grupo como Los Secretos podamos seguir tocando, visitando lugares y teniendo éxito no es más que una sensación de que la gente nos quiere ver y le gustamos. Nuestra vida es el directo y el hecho de que tengamos trabajo y podamos visitar Ponferrada y distintos sitios de la geografía española y del planeta es un lujo por el que nos sentimos muy felices. Tenemos que rendir pleitesía al público porque realmente son los artífices de que podamos seguir viviendo musicalmente hablando. Es una suerte y una felicidad.

¿Será un viaje en el tiempo con las canciones de toda la vida para los nostálgicos o habrá alguna sorpresa?

Va a haber de todo. Nosotros vamos variando un poco el repertorio cada temporada. Gracias al mundo digital conocemos de primera mano qué canciones son las que más se escuchan, en qué plataformas, y tenemos una idea muy clara de lo que la gente viene a oír. Partiendo de esa base, un concierto de Los Secretos viene a ser entre 23 a 26 canciones, que suele ser una hora y media o dos horas. Sabemos que hay 12 o 13 canciones que están en el imaginario público, que son las que nos ha transportado a través del tiempo y que nos debemos rendir ante ellas y asumir que la gente quiere escucharlas. Somos conscientes de qué canciones han atravesado la frontera de las décadas y de las generaciones pero luego hay esa parte de show en la que vamos variando canciones y es nuestra vía de darlas a conocer aunque lleven años escritas o editadas.

Con más de 40 años sobre los escenarios ha habido momentos de todo, ¿cómo se superan los baches para consolidar una andadura de más de cuatro décadas?

Nuestro caso sí ha sido una historia de superación, de ir salvando los distintos baches y lo palos en las ruedas que nos ponía la vida. Desde un principio, desde muy jovencitos, perdimos a un amigo en un accidente de coche y parecía que se nos truncaban todos nuestros deseos. Teníamos una oferta discográfica a finales del 79. Lo superamos conociendo a otro batería y llenándonos nuevamente de ilusión y también lo volvimos a perder.

Cuando nosotros empezamos no había un negocio alrededor de la música, no teníamos ningún ejemplo que seguir, simplemente nos apasionaba, éramos unos forofos y teníamos un padre que nos incitaba a serlo, nos financiaba porque pensaba que era cultura y nos iba a formar.

Los comienzos fueron muy escuálidos. En la primera gira hicimos 125 conciertos en un año, que es una barbaridad, pero no creo que del concierto que más dinero sacáramos llegáramos a los 90 euros por persona y encima todo lo que ganábamos era para equipos porque éramos un grupo que lo que queríamos era crecer y ser musicalmente mejores para que mi padre se sintiera orgulloso. No entendíamos la vida sin hacer música. Tocamos el mayor de los fondos y llegamos a no tener dinero ni para comprar pipas y solo queríamos seguir ensayando.

Se han convertido en una banda imprescindible en el panorama musical y de la historia de la música en España, ¿eso de ser la banda sonora de un país pesa mucho?

No, no, no, es un orgullo y un honor, es el mejor premio que te pueden dar. Formar parte de la memoria de varias generaciones y que te digan cosas como «mira es que nos casamos con tu música», «nos conocimos escuchando vuestras canciones y hemos tenido una familia y mis hijos se llaman Álvaro y Enrique por vosotros»... Eso nos sobrepasa, yo me siento muy orgulloso y me da mucha pena de que Enrique no lo haya vivido, él si una cosa vivió es que la música era lo importante y el éxito era lo de menos porque nunca lo habíamos tenido, fuimos cabeza de cartel de ningún festival, más bien éramos teloneros de. La humildad con la que hemos hecho nuestras canciones no estaba ligada al éxito ni a la fortuna ni al regocijo de la popularidad que tan de moda están ahora pues cobra doble valor, el hecho de formar parte del cancionero mental o de la psicología global de una nación como España que lo único que nos ha dado cariño y la facultad de poder seguir hablando de Los Secretos después de 40 años.

Si tuviera que quedarse con una canción, ¿cuál sería?

Somos conocedores de las canciones que más gustan a la gente. Luego hay algoritmos que salen qué ponerte cuando visitas algún tipo de plataforma porque ya has hecho búsquedas similares o porque has compartido una playlist. Aunque la hemos tocado hasta la saciedad, y últimamente es nuestro número uno, pero precisamente porque nunca lo fue hasta hace poco, es 'Pero a tu lado'. Sacamos esa canción en el año 95 en un disco que grabamos en Inglaterra que nos encantaba, que se llamaba 'Dos caras distintas', pero en aquella época sacabas un disco nuevo y tenías de competencia a Los Rodríguez, a Radio Futura, a Mecano, a Alejandro Sanz.... era una lluvia de temazos por todos los lados y ese disco pasó sin pena ni gloria. Sacamos el single 'Pero a tu lado', no salíamos en los programas musicales y nos olvidamos de él. Se fue apagando y sorprendentemente hace seis o siete años la gente ha convertido esta canción en un himno. Es mi favorita porque la ha elegido el público cien por cien, no ha habido fenómenos, ni modas, ni marketing detrás.

Su permanencia ha sido fruto de una reinvención constante manteniendo eso sí la esencia ¿cómo se consigue?

Teniendo pundonor, cierta lealtad a tus principios, cierto rigor artístico y rigor de intentar mejorar con el tiempo. No me avergüenza decir que a día de hoy sigo ampliando mi equipo a intentando mejorar como guitarrista comprando instrumentos que suenan un poco mejor o tecnología que no existía hace años que aplicamos para que la calidad de nuestros conciertos sea la mejor. Por un lado está a opinión de la gente sobre tus canciones y a la hora de entender la música, que es esencial, y luego tú también tienes que responder con una pleitesía, estoy a vuestros pies, me estáis brindando el honor de poder seguir tocando, pero espérate que nosotros vamos a hacerlo lo mejor posible y seguir entregándonos al cien por cien. Sabemos que estamos mayores, que tenemos 60 años de media el grupo, pero tenemos el convencimiento de que no se puede hacerlo mal.

¿De dónde sacan las ganas para seguir adelante con el sonido Secretos?

Precisamente de que tenemos esa identidad sonora que ha sido el azar o la casualidad de que otros no lo hagan, porque tampoco hemos inventado nada. Esa identidad es un poco nuestra matrícula, esa identidad que has conseguido con el paso de los años. Nosotros tuvimos la suerte de conseguirla muy jóvenes o perfeccionarla y ese campo donde tenemos nuestra influencias de una parte del country, del rock americano, de la música latina, de las rancheras, esa emotividad...Que casualidad que todas esas canciones que hemos escuchado de jóvenes tenía el tipo de lenguaje en las letras. Nosotros nos hemos sentido muy afortunados de poder hacer lo que nos gusta y es que nos gusta hacerlo. Yo no cobro por tocar, cobro por estar fuera de mi casa y por viajar, básicamente. El hecho de tocar es un regalo. Tienes que dejar un poco la nube de la que sales después de un concierto para no ser un idiota con tu familia. Es inimaginable las satisfacciones que da.

Imagino que no se irán del Bierzo sin probar un botillo...

Por supuesto. Nos encantan las delicias de donde vamos e intentamos ir a comer, por lo menos si no podemos cenar por si nos pilla con el concierto de por medio y no solemos darnos cenas opíparas para luego salir a tocar con la tripa llena, pero ten por seguro que lo degustaremos. A mi el botillo me gusta bastante pero es fuertecito, cuidado. Lo que sí hacemos muchas veces es que pedimos uno para compartir y probamos todos porque yo personalmente no puedo comer cosas especialmente heavys de digerir.

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