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Cultura y Ocio
REPORTAJE
Las hayas encantadas
El hayedo de Busmayor es un lugar mágico y que invita a un paseo cada fin de semana, especialmente en otoño, cuando sus hojas cambian de color
El hayedo de Busmayor, al fondo la piedra de los poetas. (Foto: Quinito)
El hayedo de Busmayor, al fondo la piedra de los poetas. (Foto: Quinito)
V. Silván
08/12/2014
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Los bosques encantados existen, por supuesto, y el cuento del Bierzo tiene el suyo, aunque en vez de hadas en esta comarca sus principales habitantes son la hayas, a las que también llaman 'Fagus sylvática', que cuando llega el otoño cambian de colores, para vestirse de tonos naranjas y hasta rojos y violáceos. Ese hayedo encantado es el hayedo de Busmayor, al final del valle de Barjas y cuyo acceso a través de una sinuosa carretera lo han mantenido durante muchos años ajeno a la visitas masificadas y la “invasión” de los turistas que pasan por la comarca.

Es un lugar para un recorrido tranquilo y sin prisas, con tiempo para perderse por sus senderos. Un “monumento de tronco y hoja” en las últimas estribaciones de la Sierra del Caurel, para culto de botánicos, fotógrafos y senderistas. Y es que es uno de los bosques de hasya originarios mejor conservados de Europa. Una joya forestal de 23 hectáreas, que es la única masa de hayas de estas características en la comarca del Bierzo -sólo hay otras pequeñas concentraciones de hayas en el valle de Fornela-.

Y es que dicen que se trata del relicto más occidental de España y de Europa de este árbol, cuyos troncos verticales alcanzan los 30 metros y las ramas se extienden mucho para atrapar los rayos del sol, creando un juego de sombras. Así, incluso en algunas épocas del año, adentrarse en este bosque es adentrarse en la noche con sus densas ramas cubriendo el cielo en busca de la luz.

El paseo entre las hayas siempre es fresco, incluso en los días más calurosos, con un importante porcentaje de humedad y siempre se aconseja su recorrido en otoño, por alguna de sus tres rutas, cuando presentan una mayor belleza por el cambio de la hoja. Un espectáculo de colores, que atrae cada año a decenas de personas que aprovechan los meses de octubre y noviembre para acercarse a Busmayor.

Cuando llega el otoño, las hayas cambian el color de sus hojas entre naranjas y violetas. (Foto: Quinito)

Los troncos de las hayas se cubren de musgo y sus hojas cubren el recorrido. (Foto: Quinito)

Estos árboles crecen hasta 30 metros e impiden pasar los rayos del sol al corazón del bosque. (Foto: Quinito)

Y aunque las hayas son las reinas de este bosque encantado, en su corte no faltan los abedules, los serbales de los cazadores, acebos e incluso algún avellano. La huella de los jabalís está también presente y no falta tampoco en el recorrido la posibilidad de probar, en la temporada adecuada, alguna fresa silvestre o guindas.

“La cuna en que nuestra madre nos mece en la edad primera, la lumbre de los hogares de las risueñas aldeas, el techo que nos cobija, los muebles que nos rodean, las flores que nos perfuman, los frutos que nos sustentan, los libros en que estudiamos y el arca en que nos entierran; son producto de los árboles que véis crecer por doquiera”, recoge un popular poeta costumbrista aragones.

Y es que árboles con las hayas de Busmayor son árboles con alma, con sus hojas sencillas, ovales o más elípticas, con margen entero o ligeramente dentado y, con frecuencia, sinuoso. También tienen sus frutos y, al final del verano, las “cúpulas” que encierran los frutos, los llamados 'hayucos' -comestibles pero amargos-, se abren dejándolos caer.

Ahora ya se ha perdido parte de esa tradición pero en la antigüedad sus propiedades fueron muy utilizadas para numerosos tratamientos medicinales en la antigüedad, especialmente como antiséptico y para bajar la fiebre. También para sanar heridas, debido a sus propiedades desinfectantes (sacadas de la brea de la madera) y hasta se usó para combatir a la tuberculosis.

En un paseo también se pueden encontrar diversos animales e insectos. (Foto: Quinito)

La humedad es alta dentro del hayedo, con numerosos riachuelos y cascadas. (Foto: Quinito)

Al fondo, el pueblo de Busmayor, perteneciente al municipio de Barjas. (Foto: Quinito)

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