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Mujeres cosiendo en el taller de terapia de la residencia.

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Mujeres cosiendo en el taller de terapia de la residencia.

Tejiendo el sueño de una residencia de ancianos para poder visitar el mar

'Memorias frente al mar' es el proyecto de una residencia berciana en el que 25 mujeres han vendido artesanías para poder viajar a la playa con sus compañeros

Domingo, 23 de junio 2024, 09:18

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Dos meses cosiendo con el mar en la mente. Más de veinte mujeres de la residencia Campolar de Bembibre han recaudado 2.500 euros con la venta de sus artesanías la pasada navidad para poder viajar junto a sus compañeros a la playa este verano. Un viaje soñado y que será la primera vez para María Jesús, quien nunca ha visto el mar, o recuerdos de la infancia para Ana, quien fue de pequeña pero no volvió.

Entre las artesanías creadas en el taller de terapia de la residencia hay peluches, pendientes, adornos para casa o para colgar del árbol de navidad, y gracias a la organización Rotary Club Ponferrada, consiguieron un stand en el centro comercial El Rosal para poder venderlas. Esta asociación también les proporcionó telas nuevas y materiales de costura. «Fue como un regalo de navidad para ellas, que antes cosían con retazos», explica Natalia Moratiel, enfermera en la residencia.

Este taller de terapia lleva unos siete años funcionando y durante este pasado año han asistido alrededor de 25 personas, todas ellas mujeres. Natalia hace hincapié en el «efecto terapéutico de estos talleres» en las personas mayores y recuerda la experiencia con uno de los pocos hombres que acudió al taller de costura en los primeros años, quien al sentarse y comenzar a coser, recordó su infancia en la sastrería de su abuelo, pese a padecer alzheimer. «Estos talleres tienen el mismo efecto terapéutico que la música», apunta la enfermera.

Red de mujeres

Además de coser y estimular su mente, estos talleres crean «una red de mujeres super bonita». Mientras cosen y hacen manualidades aprovechan para contarse «sus penas y alegrías, como si fuera un psicólogo», creando un ambiente similar «a las cocinas de antes», donde la mujer «se sentía segura y confidente».

Ambiente en los talleres de terapia.

Rosa, una de las participantes, explica que cuando empezó a hacer manualidades «no se atrevía ni a recortar», pero ahora puede hacer «cosas muy bonitas», aunque también hay expertas en la costura como Nisa, quien cosiendo recuerda su juventud y como ella misma se hizo su vestido de novia. Otras mujeres asistentes al taller, como Isabel o Agustina, remarcan que les ayuda a «sentirse útiles» y se sienten realizadas sabiendo «hacer cosas nuevas».

Visita al centro comercial

Mientras estuvo en marcha el puesto de artesanías en El Rosal, desde la residencia llevaron a sus creadoras a verlo en directo lo que califican de «una experiencia inolvidable». Natalia recuerda que muchas de ellas ni siquiera habían visto un centro comercial «cuando vieron las escaleras mecánicas alucinaron», sobre todo Lourditas, quien desde su silla de ruedas observó por primera vez unas escaleras mecánicas «como si de un parque de atracciones se tratara».

Gracias a la venta de las artesanías consiguieron la suma de 2.500 euros que serán destinados a un viaje común a la playa el próximo martes 25 de junio. En total serán unas 60 personas quienes, junto a sus cuidadores, se embarquen en la aventura y pasen el día juntas en la Playa de San Lorenzo de Gijón, una de las pocas adaptadas para personas en silla de ruedas de la zona.

«Voy a ver el mar por primera vez»

«Cuando les dijimos para que sería lo recaudado se emocionaron muchísimo», explica Natalia orgullosa. Hay mujeres que nunca han visitado el mar, como María Jesús, o que lo echan mucho de menos, como Paquito, a quien van a sorprender con un coche anfibio que le permita bañarse pese a estar en silla de ruedas.

Mujeres de la residencia preparadas para ver el mar.

Con el ansiado viaje a la vuelta de la esquina, la emoción se siente en los pasillos de Campolar y muchas de ellas ya han ido al mercado a proveerse de bañadores, porque como ellas dicen: «somos mayores pero también queremos estar guapas». Un proyecto solidario y de compañerismo, que demuestra una vez más que la juventud no es un tiempo de la vida, sino un estado del alma.

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