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Bar Ramonin de Molinaseca, una de las bodegas que todavía sobrevive. Ana Gago
El encanto de los pueblos de El Bierzo

La ronda de bodegas de Molinaseca: ayer y hoy

Cada fin de semana, este pequeño pueblo de poco más de 800 habitantes, se convertía en el punto de encuentro de cientos de personas

Ana Gago

Ponferrada

Viernes, 12 de enero 2024, 08:19

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La ronda de bodegas era una tradición típica de todos los pueblos del Bierzo pero la ronda de Molinaseca tenía algo especial. Y es que, cada fin de semana, este pequeño pueblo de poco más de 800 habitantes, se convertía en el punto de encuentro de cientos de personas.

«Venían de diferentes partes del Bierzo, e incluso, ¡de la provincia! Los domingos venía gente de Puente, de Villablino y hasta de La Bañeza», cuenta Ramón, el regente de una de las pocas bodegas que todavía sobreviven en Molinaseca. Antaño, llegaron a convivir hasta 32 bodegas en este municipio berciano pero actualmente apenas se cuentan seis.

La ronda de bodegas empezó hace décadas en los garajes de la gente del pueblo que hacía vino en sus casas. «Las familias siempre hacían la vendimia, el vino en las casas no podía faltar, era algo primordial. En aquellos años, a finales de los 80, esas familias decidieron vender el vino que les sobraba. Cada uno hizo su mostrador en las bodegas y, a partir de ahí empezó a venir gente del Bierzo y de toda la provincia. Era exagerado», cuenta Ana, regente del Estanco de Molinaseca.

Ana asegura que su madre siempre cuenta que «cuando miraban a la plaza del Rollo desde otra plaza que hay un poco más arriba decían que si tirabas un plato no caía al suelo de la cantidad de gente que había».

«Antes los chavales no salían del pueblo porque trabajaban las tierras de los padres. De lo que se trataba era de colaborar en casa. Poca gente trabajaba fuera. Entonces la diversión era el baile e ir de ronda. Iban de bodega en bodega y cantaban. Mi madre todavía canta alguna canción de aquella», explica Ana.

Por su parte, Herminia, hija de Sapin —tamboritero que recuerdan con cariño en Molinaseca— evoca esta tradición lejana y señala que cuando ella era joven «los mozos se juntaban e iban a cantar a las chicas a la puerta de las casas».

«Ponme un Ramonin»

Ramonin es el diminutivo con el que se dirigen a Ramón, el hostelero del Bar Ramonin de Molinaseca que lleva 17 años en el número 4 de la calle Real. En este bar, si pides un Ramonin, no solo te entenderán si no que el mismo camarero que te lo sirve te contará de dónde viene. Él inventó esta bebida que hoy en día se pide en varios pueblos del Bierzo.

Ramonin con un corto de cubata en la mano.
Ramonin con un corto de cubata en la mano. Ana Gago.

Un Ramonin es un corto de cubata. «Se puede hacer de whisky, de ginebra, de ron... de lo que uno quiera». Pero, ¿de dónde viene esta tradición? Cuando Ramón tenía apenas 20 años «lo puse de moda porque yo hacía la ronda casi todos los días y como no me gusta el vino, ni la cerveza me tenía que tomar un cubata», explica.

Sin embargo, «después de ese cubata, muchos vecinos me invitaban a lo que estuviese tomando. La ronda era muy larga y como no podía beber tantos cubatas, empecé a pedir cortos de cubata y, a día de hoy la gente todavía sigue pidiéndolos», desvela Ramón.

La decadencia de las bodegas

La ronda de bodegas de Molinaseca era como una procesión y tanto los vecinos de Ponferrada como los de alrededores acudían a este pueblo para tomar vinos cada fin de semana.

Pero hace poco menos de 20 años esto empezó a cambiar, las bodegas empezaron a cerrar, la ronda comenzó a decaer y la gente dejó de hacer la ronda en Molinaseca.

Ramonin cree que este declive coincidió con la creación de la plaza de Fernando Miranda de Ponferrada. Ello, sumado al aumento de controles de alcoholemia para volver a sus pueblos, provocó que la afluencia de gente disminuyese. «La gente que tenía las bodegas se fue jubilando y nadie las cogía porque ya no salía rentable. Antes toda esta calle estaba llena y ahora, si no abres también por la mañana no puedes mantener el negocio», afirma Ramonin.

A día de hoy, las seis bodegas que sobreviven en Molinaseca mantienen la esencia de aquella añorada ronda de uno de los Pueblos Más Bonitos de España.

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