Devolver la vista y la vida

Jorge Sánchez, especialista del Servicio de Oftalmología del Hospital de León, viaja al país africano de Gabón para operar a 450 personas de cataratas junto a la Fundación Elena Barraquer

Jorge Sánchez, junto a uno de los pacientes operados./
Jorge Sánchez, junto a uno de los pacientes operados.
N. BRANDÓNLeón

Desde León a Gabón para salvar de la ceguera a 450 personas. 5.120 kilómetros de distancia separan a Jorge Sánchez Cañizal, especialista del Servicio de Oftalmología del Complejo Asistencial Universitario de León, de este destino donde desarrollará su experiencia junto con otro cirujano y el equipo médico.

Una misión humanitaria que se realizará en Gabón, un país situado en la costa oeste de África central, entre el 1 y 9 de junio de la mano de la Fundación Elena Barraquer y durante la que se pretende operar a 450 personas de catarata, realizar un millar de reconocimientos oftalmológicos y entregar 500 gafas de lectura. No es la primera vez para Jorge, que ya el año anterior colaboró en otra expedición en Mozambique donde vivió «una experiencia muy bonita, con la que aprendí también de un problema como el de las cataratas que aquí no existe».

Al contrario de lo que se pueda pensar, los pacientes no son ancianos, son gente joven que tiene que dejar de trabajar o estudiar y limitante su vida. «Aquí se opera por debajo del 40% de visión, pero allí son personas que directamente no ven nada, simplemente diferencian la percepción de luz. Se les opera y al día o dos días, ya ven», tal y como explica el propio Jorge Sánchez.

Recuperar la independencia de sus familiares

Pero las consecuencias no es sólo la recuperación de la vista de los pacientes, sino también de la independencia de sus familiares. «En África es habitual que las niñas hagan de Lazarillo de las personas que no ven, por lo que sacrifican su futuro. Con estas operaciones no solo liberas al paciente, sino que reinsertas a sus cuidadoras en la sociedad», explica Jorge.

Varios son los hándicaps a los que tienen que hacer frente durante su estancia, como los medios, que allí son más rudimentarios, pero gracias a la técnica los resultados son iguales. Obstáculos que merecen la pena por la reacción de los pacientes. «Se me pone la piel de gallina. Es una sensación muy bonita. Algunos tocan las palmas, incluso hubo una persona que tiró el bastón y empezó a bailar mientras la gente de la cola aplaudía», recuerda Jorge entre la emoción de esas sensaciones.

Y es que gracias a esta misión se puede salvar de la ceguera a cientos de personas que viven en este país. Una operación de cataratas que es accesible y a la orden del día en los hospitales de los países desarrollados, pero que en otros como Gabón queda fuera del alcance de su población. «Esa reacción, aquí no es habitual. La primera paciente que vi al volver de la misión pasad, recuperó la visión y cuando entró a la consulta después de la operación sólo se quejaba de molestias, picores… aquí somos más desconfiados y demandantes. Son mentalidades opuestas».

A poco más de un mes para su partida, Jorge Sánchez de la mano de la Fundación Elena Barraquer están preparados ya para este viaje con el que realizar operaciones poco valoradas en este mundo, pero cruciales para los que han nacido en otro.