El mejor 'detalle' de León

La capital leonesa celebra el 'Día Internacional de la Tapa' exaltando a la «mejor promoción» de la ciudad, una tradición culinaria que empezó hace décadas y que ahora es una referencia y una forma de vida para León

El tapero de un bar de León. / Noelia Brandón
RUBÉN FARIÑAS y NOELIA BRANDÓNLeón

Su origen tiene aroma a Sur. Su secreto reside en la ausencia de precio. Su sabor varía, y muchos de sus catadores se conocen la ciudad por el bocado que se quieran llevar al buche.

En piedra, la Catedral; en el paladar, la tapa. Estos son los símbolos de León, para propios y extraños. Es una relación como pocas y que pone en ebullición los albores del almuerzo y la cena en las calles de la capital.

El 15 de junio ha sido nombrado como 'Día Internacional de la Tapa' y, por poco, se podría denominar como 'Día Internacional de León'. Quienes vienen de visita saben lo que buscan y los que residen en el Viejo Reino saben dónde buscarlo.

De 'La Ribera' al 'Besugo'; del 'Jabugo' hasta el 'Besugo'; y del 'Camarote' al 'Pajarín'. Los leoneses ya no se mueven por instinto, han hecho del tapeo su cultura y gustan de viajar 'del de las patatas' hasta 'el de la asadurilla'; caminan entre 'el del bollo' y 'el de los calamares'.

Camino de convertirse en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, las tapas tienen su fama en lo resabido de su nombre, cuando ejercían de 'tapas' de las manzanillas y bebidas destiladas de las tabernas del Sur.

En León capital se empezaron sirviendo únicamente a mediodía, como aperitivo antes de ir a comer. Sin embargo, por fama y extensión, ahora se pueden disfrutar desde primera hora de la jornada hasta que las últimas trapas se cierran en el Húmedo, el Romántico, la Pícara, Eras o cualquier barrio leonés.

'La Ribera', un clásico

Uno de los bares más tradicionales en el tapeo es sin duda 'La Ribera'. «Aquí la gente viene por los mejillones y la casquería; y los niños por las patatas», afirma su propietario, Roberto, que lleva tras la barra 28 años.

Este hostelero reconoce «el trabajo y tiempo» que lleva dar una buena tapa. De hecho aquí pelan 70.000 kilos de patatas al año, abren 120 kilos de mejillones cada semana y son fieles defensores de compaginar «una buena variedad, calidad y precio» en lo que denominan «el detalle de León con el cliente».

Y éstos, sus clientes, tan encantados. Una pareja se sienta en una de las concurridas mesas y disfrutan de un corto de vermú y un vino que, por supuesto, vienen acompañados. «Venimos aquí a comer las patatas, picantes, que nos gustan mucho; y unos callos».

La calidad del 'Camarote'

Sin abandonar el Romántico hay que esquivar la marabunta que se apiña a la entrada del popular Camarote Madrid. «Por la profesionalidad, por la calidad de las tapas y por amistad», son algunos de los motivos por los que los leoneses disfrutan de este espacio.

Un par de amigos comparten anécdotas del día junto a su manzanilla y un prieto picudo «de los pocos auténticos que quedan en León», explica uno de ellos.

Por la mañana es tiempo de paella; al caer el sol, la barra de este bar se llena de patatas, aceitunas y salmorejo, dando un toque diferente al tapeo leonés.

Y, desde su experiencia, reconocen que desde hace veinte años «prima la calidad del vino por encima de la calidad de las tapas». ¿Y qué motivo encuentran? «La gente busca la cantidad».

Tradición en el 'Jabugo'

Pero si en León se habla de tapas hay que acudir a su Barrio Húmedo y su centro neurálgico: la plaza de San Martín. Aquí se sitúa uno más de esta ruta, el 'Jabugo'.

Sopas de ajo, embutidos y su espectacular morcilla son el reclamo para leoneses y visitantes. Los segundos llegan guiados por el olor a tapa y 'teledirigidos' hacia esta cultura tan leonesa. «Se piensan, o les dicen, que vengan a pedir tapas; te piden de primeras y cuando les dices que tienen que consumir se quedan extrañados, les pilla por sorpresa».

Su camarera, suma casi un lustro sirviendo esta «promoción que se ha hecho de León» y, en su opinión, prefiere que la calidad predomine sobre la cantidad de la tapa.

Y así, entre chato y chato, entre caña y caña, y, por supuesto, entre tapa y tapa se pasa la vida en el alterne leonés. León es tierra de tapas y el ritmo de la ciudad se mide entre el picante, los escabeches y los ahumados de su denominación de origen y mayor reclamo.

 

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