Leonoticias

La mayor tragedia ferroviaria de la historia de España cumple 78 años

Torre del Bierzo no olvida al centenar de desaparecidos en aquel accidente que el gobierno franquista quiso ocultar a la opinión pública

María Fernández
MARÍA FERNÁNDEZ León

Han pasado 78 años y todavía no se conoce con exactitud el número de muertos de la mayor catástrofe ferroviaria ocurrida en España. Un hecho que tuvo lugar el 3 de enero de 1944. A las 13.20 horas de esa mañana, el Correo Expreso 321 que recorría la línea entre Madrid y A Coruña, formado por una locomotora en maniobras y un tren de mercancías, chocaron dentro del túnel nº 20 de la línea Palencia-A Coruña a la altura de la localidad de Torre del Bierzo.

La autoridad judicial afirmó que habían sido 87 los muertos, aunque la sociedad en general auguraba que podrían ser muchos más, estimándose 200 fallecidos, aunque otros medios apuntaban entre 500 y 800. Sin embargo, una investigación publicada en 2019, con motivo del 75 macabro aniversario, concluyó que fueron 100 los muertos (94 de ellos en el tren correo) y 111 heridos.

No era de extrañar la cifra elevada debido a las fechas navideñas, en las que se producían un gran número de desplazamientos y los vagones estaban atestados de viajeros tanto en los asientos, como en los pasillos y en las escaleras de acceso.

Quienes corrieron la voz del número de muertos fueron los testigos, vecinos de la localidad que comenzaron ese año 1944 con horror ante la desgraciada acaecida. Y es que todavía hoy sus nietos siguen haciéndose eco de lo que los abuelos vivieron aquel negro día en el que hasta el cielo se oscureció.

Entre las causas del terrible suceso se apunta al pésimo estado de las infraestructuras ferroviarias, debido al material anticuado y con un mantenimiento deficiente o inexistente; una realidad oculta mediante la fuerte censura. Y es que el gobierno franquista no quería dar a conocer la situación real después de la guerra y la posguerra en la que España estaba sumida.

Tren correo

La causalidad, o la casualidad, fueron las que sirvieron la tragedia. Uno de los trenes implicados, el correo-expreso n.º 421 llevaba casi dos horas de retraso cuando el 3 de enero de 1944 hizo su entrada en Astorga. En este momento ya llevaba dos locomotoras y 12 vagones, ocho de ellos con pasajeros, un total de 980, el 70% viajaba en tercera clase.

La razón por la que el tren llevaba dos locomotoras (una 'Mikado' y una 'Mastodonte') fue, precisamente, la razón del accidente y es que la titular no frenaba bien por lo que se le añadió la segunda para paliar el problema.

El tren correo-expreso nº 421 había salido de la Estación del Norte de Madrid a las 20.30 horas del 2 de enero de 1944, domingo. «La tarde era fría, un frío de navidad y despedidas, la estación estaba abarrotada de gente, de maletas, de bolsas de ropas, de pobreza, de niños y soldados, de besos y de abrazos, de ventanillas de tren llenas de caras, los vagones llevaban más gente que nunca hacía los pueblos», describe la protagonista del documental 'El Túnel nº 20' de Ramón de la Fontecha, una de las supervivientes.

En Astorga entró tarde, pero se retrasó nueve minutos más para comprobar el sistema de frenado que funcionaba bien en ese momento. Misma comprobación que se llevó a cabo a mitad de descenso del puerto de Brañuelas, donde el maquinista advirtió que la locomotora acoplada tenía una caja de grasa caliente y se desenganchó. Él mismo advirtió el problema de frenado, pero continuo la marcha con una sola locomotora. La tragedia estaba servida.

Frenos

En el fuerte descenso el tren ganó velocidad y no pudo frenar en Albares de la Granja, donde el jefe de la estación lo vio pasar a toda velocidad con la sirena sonando. Fue él quien llamó a Torre del Bierzo para advertir de la falta de frenos. El jefe de esta última estación mandó poner traviesas en la vía, pero no dio tiempo: en menos de 5 minutos el correo entraba en la estación haciendo sonar el silbato en señal de alarma y continuó hasta entrar en el túnel número 20, de donde no volvió a salir.

Dentro del túnel el tren desbocado, se encontró una locomotora de maniobras con tres vagones. El maquinista pudo alejarse para salvar su vida, pero el destino le tenía preparada otro juego.

Debido a la violencia del choque, la máquina y uno de los vagones salieron por el otro lado del túnel. También la locomotora del correo y los cinco primeros vagones (dos con pasajeros) quedaron dentro del túnel así como el coche mixto que quedo solo en parte. Los vagones que estaban dentro comenzaron a arder.

Seis de los vagones descarrilaron En unos minutos y con el ruido ensordecedor del silbato, un sonido espeluznante que se grabó a fuego en el oído de los vecinos de la localidad así como de los heridos y supervivientes. Todo fue caos y confusión; con un amasijo de hierros y maderas sin ventilación del que los supervivientes no podían salir ni quienes estaban fuera entrar.

El tren carbonero

Pero la tragedia no acaba ahí. Ajeno a este incidente y en sentido contrario, circulaba un tren de mercancías carbonero, que tenía previsto realizar el cruce con el tren correo en la estación de Torre del Bierzo. Llevaba 27 vagones de carga y un furgón. El conductor siguió su camino sin percatarse de lo sucedido, ya que el choque había destrozado los cables que movían las señales, y se habían quedado en vía libre.

Cuando el mercancías salió del túnel número 21, se encontró con el maquinista de la locomotora de maniobras, que trataba desesperadamente de evitar una tragedia mayor.

Al ver al maquinista, la pareja conductora del mercancías trató de frenarlo, pero no había espacio suficiente. Como resultado de este choque, las locomotoras de maniobras y del mercancías descarrilaron y los primeros vagones de este último tren volcaron matando al maquinista del tren de maniobras que había avisado.

El fuego continuó durante tres días a pesar de que se habían roto las tuberías de los depósitos de agua que se encontraban encima del túnel. Duró más el desfile de heridos y la recogida de restos humanos, una semana. A pesar de ello la identificación de la mayoría de los cadáveres fue prácticamente imposible debido a la calcinación de los cuerpos, que prácticamente desaparecieron junto a sus documentos y su ropa.

Entre el amasijo, historias humanas como el hombre que le habían dado el día antes el alta en el hospital o el del huido en la guerra que vivió escondido en el monte y decidió coger ese tren.

Con los cuatro coches que no ardieron y el furgón se improvisó un tren que al poco tiempo regresó hacia Astorga y León con los supervivientes y parte de los heridos.

Balance de víctimas

El juzgado de Ponferrada levantó el acta con una cifra de 58 cadáveres, mientras que en la sentencia del juicio al maquinista del tren correo se estableció un total de 83 muertos y 64 heridos. Por su parte RENFE informó de 78 muertos y 75 heridos. Fueron los que participaron en el rescate quienes hablaban de, al menos, 350 muertos

Finalmente, la investigación publicada en 2019 por Vicente Fernández en el libro 'La verdad sobre el accidente ferroviario de Torre del Bierzo (1944)', fija el número total de fallecidos en 100, especificando individualmente su identidad.

En todo caso parece evidente que gran parte de las víctimas mortales fueran viajeros de 1.ª clase, aparte de media docena de trabajadores de RENFE y de Correos. En el tren correo también viajaba el equipo de fútbol del Betanzos Club, que regresaba de jugar un partido en Palencia; resultaron muertos dos de los jugadores y herido grave un tercero.

Todas las víctimas reconocidas, o sus familiares, recibieron las indemnizaciones previstas por el SOV (Seguro Obligatorio de Viajeros) que en el caso de los fallecidos totalizaron 2 800 000 pesetas

El día 4 por la tarde, se celebró en León un solemne entierro, con 50 féretros, con asistencia de las autoridades locales y provinciales y miles de personas más, que recorrió las principales calles de la ciudad en la que se había decretado el cierre de los comercios en señal de luto. Fue recogido extensamente al día siguiente por la prensa regional.38​

Al día siguiente se celebró también en León un funeral con asistencia multitudinaria, convocado por el Gobierno Civil de la provincia. En Astorga se celebró igualmente un funeral y se suspendieron las celebraciones del día de Reyes incluida la cabalgata.

Imagen del multitudinario entierro en León.

Varias décadas después, el accidente daría título a un cortometraje (Túnel número 20) dirigido por Ramón de Fontecha, que obtuvo el Premio Goya al mejor cortometraje documental en 2002. También el programa 'Cronicas' de TVE quiso hacerse eco de este drama con el documental de Alberto Freile 'El tren de los desaparecidos'- .

Recuerdo en Torre del Bierzo

Torre del Bierzo no ha querido nunca olvidar este dantesco hecho. Cuando se cumplían 75 años del mismo, se colocó una placa por los desaparecidos juntos al Ayuntamiento. Pero en este 2022 será la sala de actos de la Fundación Cultura Minera la que acogerá, esta tarde, o la proyección del documental 'El tren de los desaparecidos', ganador de la primera edición de Premios de Periodismo Adif.

La efemérides también se recordará con la presentación del libro de relatos cortos 'Un lazo rosa', escrito por Manuel Garrido. El título de la obra hace alusión a lo escrito en el acta que un juez de Ponferrada levantó tras el trágico accidente: «una niña de unos cuatro años, con vestido rosa y un abrigo azul, que lleva en el pelo un lazo rosa».

Freile: «Somos responsables de que los testimonios de la catástrofe no se pierdan»

Alberto Freile es el director del documental 'El tren de los desaparecidos'. Él se volcó en esta historia por estar oyéndola toda la vida. «Mi padre es de Villameca y mi madre de Brañuelas por lo que he oído esta historia desde niño y siempre quise indagar sobre cuánto había de verdad y cuánto de ficción», destaca señalando que en Torre del Bierzo le recibieron con los brazos abiertos.

«Primero hablé con el alcalde y después con los vecinos del pueblo», asegura señalando que la mayor dificultad fue que muchas personas contaban parte de la historia que, después de consultar la documentación escrita, sabía que no eran del todo ciertas. «Son historias contaminadas porque han pasado muchos años y además el régimen franquista trató de minimizar los hechos», señala asegurando que trataron de acudir las raíces de los hechos y averiguar si la historia que él había conocido era así. «Y evidentemente si había sido de esa manera».

Uno de los hechos que más destaca Freile es que los periódicos se hubieran hecho tan poco eco del mayor accidente ferroviario de la historia de España. «Otra de las razones por las que decidí hacer el documental es porque gente joven, de la comarca, no conocía este suceso con la importancia que tiene», asegura.

Respecto a cómo fue grabar el documental, para Alberto fue importante el proceso de hablar con los testigos directos. «Fue muy emocionante cuando una persona te contaba una anécdota y tú te dabas cuenta de que había ocurrido tal cual porque indagando en los archivos de los ferrocarriles leías el mismo hecho», asevera mientras reconoce que fue muy afortunado de encontrar testigos que habían vivido la tragedia de primera mano. «Se te ponía la piel de gallina porque muchas personas tenían un trauma», quien admite que todo el equipo se sintió responsable de que esos testimonios quedarán recogidos y no se perdieran.