La maldición del urogallo

Expertos cuestionan las medidas emprendidas para recuperar la especie y proponen centrar los esfuerzos en preservar la actual población | De los 292 ejemplares localizados en un área de 350 kilómetros cuadrados, el 80% se conserva en la zona leonesa de las Omañas y Alto Sil

Ejemplar de urogallo. /
Ejemplar de urogallo.
P. ANTÓN MARÍN ESTRADALeón

Está a punto de comenzar la época de celo del urogallo y los escasos ejemplares que quedan en los montes de Asturias y León -292 según el último censo hecho público en enero- volverán a dejarse oír en sus míticos cantaderos, tras haber sido declarada la especie en peligro crítico de extinción. «El gallo está en la UVI. Los datos hablan de una reducción muy importante.

Ahora mismo no hay tiempo de despistarse: hay que actuar. Es una situación gravísima». Esta es la voz de alarma que da Luis Robles, responsable en la cordillera cantábrica de la Asociación para la Conservación del Urogallo (ACU). Como él, expertos y conservacionistas han venido alertando en idéntico sentido y cuestionan las medidas adoptadas por la Administración para intentar revertir el proceso.

«Se han malgastado millones de fondos públicos y solo se han empeorado las cosas», afirma con rotundidad Fructuoso Pontigo, portavoz de la Coordinadora Ecoloxista d'Asturies. En diciembre de 2017, cinco especialistas publicaban en la revista 'Grouse News' un artículo que ponía en tela de juicio los resultados del proyecto LIFE+ Urogallo Cantábrico desarrollado entre 2010 y 2016, el que se invirtieron casi siete millones de euros.

Sin resultados

Uno de los firmantes del trabajo, el asturiano Rolando Rodríguez, investigador de la Universidad de Exeter, no ve útiles las principales líneas de actuación: control de depredadores, mejora del hábitat y cría en cautividad: «No hay ninguna evidencia de que estas medidas funcionen». Respecto a la eliminación de especies depredadoras -la medida en la que se trabaja actualmente en nuestra región, tras aprobar el Principado el plan 2018-2021 del Ministerio de Medio Ambiente- Rodríguez sostiene que no existen pruebas de que la regresión se deba a este motivo.

«Además es inviable: se pueden retirar de una zona durante un tiempo, pero los depredadores seguirán ahí porque ese es su hábitat». Tampoco existen evidencias de que la cría en cautividad sea la solución: «Se lleva intentando en muchos países europeos durante décadas y no ha habido un solo éxito», declara.

La intervención en el medio es igualmente desacertada para este biólogo, ya que «no hay fundamento científico de que su entorno sea la causa del declive». Rodríguez sí señala con preocupación las consecuencias que puede tener el impacto humano en las zonas con urogallos y pone como ejemplo carreras de montaña como la que se celebra «en plena época de celo» en las proximidades de Muniellos, la apertura de pistas o las talas forestales.

León, cuna del urogallo

De los 292 ejemplares localizados en un área de 350 kilómetros cuadrados, el 80% se conserva en la zona leonesa de las Omañas y Alto Sil y el 20% restante en el suroccidente asturiano (Cangas del Narcea, Ibias y Degaña). Solo una pequeña parte son hembras, una cifra que Luis Robles, de ACU, sitúa en unas 90, no todas con capacidad reproductiva.

El único aspecto positivo, que la población «está concentrada en una misma zona, lo que favorece su comunicación». En cuanto a las posibles soluciones, el estudioso leonés defiende que debe intentarse todo con un único límite: «Si hay el mínimo riesgo, por remoto que sea, no nos lo podemos permitir. Es preferible no hacer nada».

En similar sentido se expresa Pontigo, para quien «lo primero es preservar las poblaciones, dejarse de experimentos y centrarse en los ejemplares vivos». Idéntica opinión manifiesta Rolando Rodríguez, quien considera una prioridad «no desarrollar determinadas actividades donde aún quedan aves y conservar el hábitat en donde han desaparecido, es la única manera de que pueda volver a recolonizarse».

A primeros de abril los últimos gallos monteses de la cordillera lanzarán su llamada a las hembras desde sus cantaderos. Tal vez sea el momento de que confluyan el desvelo de expertos y conservacionistas, los planes de la Administración y el deseo de toda la sociedad para que aún le queden a este tesoro vivo de la época glacial muchas primaveras más en que celebrar su rito de cortejo, su supervivencia.