El empresario Manuel Viloria ultima recuperar la mina del Feixolín ante la dificultad de mantener con vida de La Escondida

Trabajadores en la mina La Escondida. /ELOY ALONSO |REUTERS
Trabajadores en la mina La Escondida. / ELOY ALONSO |REUTERS

El empresario leonés se muestra pesimista a la respuesta del Gobierno para flexibilizar los 8,35 millones de euros en ayudas pero insiste en que el carbón tiene futuro y que mantendrá la actividad minera en Villablino

A. CUBILLASVillablino

La Escondida, el último reducto minero de León, sigue latiendo. Aunque su corazón se debilita. Lo hace con cada minuto, con cada hora, con cada día que pasa sin tener noticias del Ministerio de Transición Ecológica.

Su decisión, que pasa por fijar o no criterios de flexibilidad en la devolución de los 8,35 millones de euros en ayudas, será clave para garantizar la continuidad de La Escondida o, por el contrario, o confirmar su cierre definitivo.

Y todo apunta, a que su punto y final se acerca. Al menos es la sensación de Manuel Lamelas Viloria (Hijos de Baldomero García), el leonés que no se resiste a abandonar el sector de la minería del carbón a la que ha permanecido estrechamente ligado a lo largo de toda su vida, primero como minero después como empresario.

Estaba previsto que el día 8 se decidiera parte de su futuro. Y, por el momento, nada. «Sigo pendiente de una decisión pero cada vez veo más difícil la continuidad», ha confesado Viloria, que, a la espera de esa respuesta ministerial, tiene depositadas sus esperanzas en un plan B.

El plan B: la mina de El Feixolín

Un proyecto que ya presentó hace un año a la Dirección General de Minas y que, de recibir el visto bueno, supondría recuperar la mina de interior de la explotación El Feixolín ubicada a escasos kilómetro de La Escondida, también en el municipio de Villablino.

Se trata, según reconoció el empresario, de una zona de labores antiguas que requería una puesta al día y, por tanto, de una dilación en los tiempos. Sin embargo, sería su única salida ante una más que probable negativa del Ministerio para flexibilidad el pago de las ayudas percibidas para La Escondida.

La mina La Escondida llegó a producir 200.000 toneladas de carbón bajando aunque en los últimos años bajo a las 120.000 y 80.000 hasta alcanzar un cupo de 45.000 toneladas que le fue asignado a mediados del 2018

«Adquirí la explotación hace tiempo, libre de cargas y gravámenes. Ahora estamos pendiente de culminar los trámites administrativos y de recibir el visto bueno de Minas y eso conlleva un tiempo, no va todo lo rápido que me gustaría», señala el empresario minero, que asegura que inicialmente mantendrá el nombre. «Da nombre al paraje y a mí no me molesta».

Mientras y frente a un sector que el 1 de enero de 20198 paró las máquinas, Viloria mantiene a una docena de trabajadores activos en 'La Escondida', para la realización de labores de mantenimiento y conservación, principalmente de achique.

La única mina

La mina 'La Escondida« es hoy la única mina que queda en Laciana y se »oculta« bajo el suelo de la 'Veiga del Palo' de Caboalles de Arriba, el mismo pueblo donde Baldomero García abrió la mina Paulina en los años 20. Él también era el propietario de La Gallinera, en Caboalles de Abajo. Eran entonces momentos prósperos para el sector minero en Laciana, que entre 1917 y 1924 tenía en explotación otras 15 minas como eran la Carrascontina, que Baldomero García tenía con Dionisio González, que a su vez tenía las minas Julio y Emilio.

A finales del siglo XIX, la minería de carbón empezaba a crecer en la provincia leonesa -en 1860 había unas 300 concesiones mineras-, pero los ricos yacimientos de hulla de Laciana no parecían rentables, con unas deficientes comunicaciones para el traslado del mineral.

No sería hasta que la MSP desarrollará el ferrocarril entre Ponferrada y Villablino, que la minería empezaría a crecer en esta comarca. Durante décadas sus explotaciones fueron la principal fuente de riqueza de esta comarca, que ahora, casi un siglo después, languidece tras el paulatino cierre de sus pozos y cielos abiertos.

La mina 'La Escondida' fue abierta en 1957 por José García, hijo del también empresario minero Baldomero García y cuñado de Marcelo Jorissen 'El Belga', con el que estableció una estrecha amistad en los tiempos de la Residencia de Estudiantes de Madrid y que después se convertiría en el director de la MSP.

Antes de embarcarse en su apertura, José intentó previamente varias incursiones en el mundo minero, estando a punto de comprar la Hullera Vasco Leonesa en esos años, antes que acabara en manos de la familia del Valle, que se ha mantenido al frente de esta importante empresa hasta hace unos meses.

Así, la Minero Siderúrgica de Ponferrada participó en una ampliación de capital con la que pudieron sacar el proyecto adelante, abrir nuevos tajos, construir el lavadero y el teleférico a Páramo del Sil.

La realidad es que Viloria es un convencido del futuro del carbón, un mineral que advierte es rentable, insistiendo en la necesidad de que España preserve una reserva estratégica. Por ello, pase lo que pase, asegura que quiere que el corazón del sector siga latiendo en la provincia de León.

«El carbón nacional contamina menos y es más barato que el de importación. De ahí que me canso en decir en que no tiene sentido alguno la precipitación con la que se ha llevado a cabo el sector», asegura Viloria, que insiste en que no es el fin del carbón «ni muchísimo menos, el carbón aún tiene mucho recorrido».