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Para cualquier niño que practique baloncesto, uno de sus sueños es jugar en la NBA. O si no, en Estados Unidos, donde este deporte es uno de los más seguidos y sus jugadores son auténticas estrellas, tanto a nivel profesional como universitario. El ponferradino David Velasco ha conseguido cumplir esa aspiración, pasando de la cantera del Ciudad de Ponferrada a jugar en la NCAA II.
Dejó Ponferrada hace seis años para emprender una aventura en toda regla y cumplir el sueño «que siempre tuve de pequeño». Dio lo máximo en el equipo de su ciudad y ese esfuerzo «de tantos años», le valió numerosas llamadas de distintas universidades americanas. Un proceso que, según David, fue «un poco largo, de unos cuantos meses» pero cuando recibió la oferta de Embry Riddle, en Daytona Beach (Florida), «fue la recompensa máxima, ya que era una universidad que me permitía sacarme una carrera en Ingeniería Aeroespacial, que era lo que yo quería, y jugar al baloncesto en NCAA II, que es un nivel muy bueno y me permitía seguir mejorando y convertirme en el mejor jugador y en el mejor estudiante que podía llegar a ser».
La adaptación a su nuevo hogar, con tan solo 18 años y en un país a tantas horas de distancia de España, con un idioma diferente al suyo y una cultura distinta, fue «un poco difícil al principio» y empezar una vida nueva en inglés, hablando en inglés todo el día «es muy cansado, ser extrovertido es más complicado porque te lo piensas todo dos veces antes de hablar para no meter la pata». Pero David considera que, al formar parte de un equipo, como en su caso el de baloncesto, y de una comunidad universitaria, «como que ya tienes tu grupo de amigos, tu familia y eso me facilitó mucho las cosas». Y en cuanto a la adaptación a los entrenamientos y las clases, «fue un nivel de exigencia muy alto» que al principio le costó un poco pero pasado un mes «ya le coges el ritmo».
Eso sí, reconoce que la exigencia física para jugar en la liga universitaria es mucho más alta que en España, donde se podría comparar con la competición LEB Plata u Oro. «Fue uno de los cambios más grandes», asegura, a pesar de que estaba acostumbrado a la práctica física continua que requiere este deporte. «Aquí los jugadores son mucho más físicos, saltan más, corren más rápido, son más fuertes. En España creo que damos más importancia a la táctica de equipo mientras que en Estados Unidos es más técnica individual, jugadores con mucho más talento que, al final, cuando llegas a un partido no es tanto de hacer jugadas sino de más uno contra uno de jugadores con un talento increíble», añade.
A nivel académico, este joven ponferradino siempre tiró más por las ciencias, «matemáticas y física se me daban bien» y una ingeniería formaba parte de sus opciones de futuro. «Cuando empecé a pensarme bien qué carrera hacer, vi Aeroespacial y me sonó interesante. Además, Embry Riddle es una universidad muy orientada a eso», explica. Por lo que estar rodeado de gente por tanta pasión por aviones, cohetes y demás «me contagió un poco y estoy muy contento por haber elegido esa carrera, me ha acabado gustando un montón, es un poco difícil a veces pero muy interesante».
David Velasco tenía pensado estudiar solo la carrera en Estados Unidos y luego volver a España, pero al final acabó también haciendo un máster en Ingeniería Aeroespacial que, quizás para él, fue lo más difícil, ya que «tenía que escribir una tesis, que la hice sobre transferencia de calor para refrigeración de motores, y era todo muy experimental, por lo que tenía que pasar mucho tiempo en el laboratorio». Algo que le resultó complicado, sobre todo al tener que compaginarlo con los entrenamientos. Y es que terminaba de entrenar y tenía que ir corriendo al laboratorio para realizar esos experimentos «que igual duraban 3, 4 o 5 horas todos los días».
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Aún así reconoce que la universidad se lo puso mucho más fácil que, por ejemplo, en España. «Al jugar en la misma universidad que en la que estudias, los profesores saben que tienes entrenamientos, torneos. Nosotros hemos tenido torneos en Hawai, California, Tennessee, lugares en los que tenemos que viajar durante 5 o 6 días y los profesores entienden que eres parte del equipo de la universidad y como que te ayudan cuando tienes estas situaciones», apunta. Desde pasarle grabaciones de las clases hasta ayudarle con clases extra individuales, cambiar fechas de entrega de deberes, incluso adelantar o atrasar exámenes para acomodarlo al calendario de torneos y partidos, son algunas de las facilidades que le han dado en la universidad «pero eso no quita que tengas que esforzarte y manejar tu tiempo muy bien», recalca.
Este joven de Ponferrada ya ha finalizado su etapa universitaria, en la que terminó su tesis «con muy buena nota» y también ha presentado una publicación en una conferencia de ingeniería aeroespacial «que eso me ayudó mucho a la hora de encontrar trabajo porque las empresas valoran mucho que tengas esa experiencia».
Así, ha cambiado la costa este, en concreto Daytona Beach, con un clima muy veraniego todo el año y cerca de ciudades como Orlando o Miami, por la costa oeste, Portland (Oregon), donde se ha mudado por trabajo. «Es precioso aquí en Portland, el poder vivir en una ciudad grande te da todos los beneficios de una ciudad de ese tamaño, un montón de cosas que hacer, es una ciudad muy bonita, y luego tenemos un montón de naturaleza alrededor, montañas increíbles, parques nacionales», destaca de su nuevo hogar.
En la actualidad, forma parte de la compañía Colins Aerospace, donde trabaja en sistema de visión para los pilotos en aviones privados, y «es todo lo que me imaginaba cuando empecé a estudiar la carrera, la verdad es que la industria aeroespacial es una pasada» y más en Estados Unidos, donde asegura que «hay muchas más oportunidades que en España porque también hay mucho más dinero invertido, así que es un sitio idílico para esta carrera».
Centrado en su carrera, David Velasco ha dejado un poco de lado el baloncesto competitivo. Lleva solo 4 meses en Portland pero le encantaría encontrar una liga no profesional, ya que «al final me encanta jugar al baloncesto». «De pequeños siempre soñamos con jugar en la NBA y ser jugadores de baloncesto profesionales pero yo creo que ese sueño lo tengo medio cumplido con jugar en la liga universitaria. Ahora me estoy centrando en otras cosas, también el nivel de exigencia durante los últimos años a nivel baloncesto ha sido muy alto así que ahora estoy aprovechando para disfrutar, llevando una vida un poco más normal», señala.
Por el momento, este berciano ve su futuro más próximo en Estados Unidos, «aquí tengo muchas más oportunidades de crecer como profesional y en el tema salarial está mucho mejor», aunque sí que en unos años le gustaría volver a Europa, con su novia, y asentarse aquí porque «al final como en casa en ningún sitio».
Y es que durante estos seis años en Estados Unidos lo más duro ha sido estar lejos de su familia, a la que no ha visto tanto como le gustaría porque el baloncesto no le permitía disponer de tanto tiempo libre, «así que me limitaba a volver solo en los veranos». Las videollamadas se han convertido en su mejor aliado, «lo hace más llevadero», pero aún así «es duro no verlos durante tanto tiempo, y sobre todo esa sensación de estar tan lejos, de que si pasa algo o quiero volver a casa, no es me voy el fin de semana y estoy a tres horas. Son 8 horas de vuelo, en total entre 12 y 15 horas de viaje, así que la distancia se hace más complicada».
Una morriña de familia y amigos y también del Bierzo, del que echa de menos «la sensación de hogar, el salir a tomar con mis amigos en el sitio que crecí o dar un paseo y que todo sea como cuando era pequeño. Y la empanada de mi abuela», finaliza entre risas.
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