Las auxiliares de Endesa vuelven a encender la movilización

Las protestas de las subcontratas lograron hace veinte años amortiguar los recortes de plantilla aparejados a la privatización de la eléctrica con jubilaciones anticipadas, recolocaciones e inversiones alternativas, el plan social que ahora no acaba de pasar de las palabras a los hechos

Trabjadores de las subcontratas ante el 'cementerio' en el que cada cruz simboliza a un despedido a las puertas de la térmica de Compostilla II en Cubillos del Sil. /CÉSAR FERNÁNDEZ
Trabjadores de las subcontratas ante el 'cementerio' en el que cada cruz simboliza a un despedido a las puertas de la térmica de Compostilla II en Cubillos del Sil. / CÉSAR FERNÁNDEZ
CÉSAR FERNÁNDEZCubillos del Sil

Hace 20 años no había Facebook, pero resultaba más fácil contactar con una empresa eléctrica que ultimaba su proceso de privatización. Los vídeos que en estos días cuelgan en las redes sociales los 180 operarios de compañías auxiliares de Endesa en la central térmica Compostilla II de Cubillos del Sil afectados por el programado cierre de las instalaciones llegan a 15.000 personas, pero sus representantes sindicales todavía no han logrado ser recibidos por los responsables de una multinacional propiedad desde hace años de la italiana Enel. Los trabajadores consiguieron en 1998 amortiguar los recortes de plantilla aparejados a aquella salida al mercado con medidas como jubilaciones anticipadas, algunas recolocaciones e inversiones alternativas, el plan social que ahora no acaba de pasar de las palabras a los hechos.

El contraste de dos movilizaciones separadas por dos décadas y una revolución tecnológica es visible nada más llegar al campamento permanente instalado por los trabajadores de las subcontratas a las puertas de la térmica. De la fachada de un barracón convertido en improvisada oficina cuelgan varios de los carteles de la contracampaña ideada entonces por el diseñador y creativo publicitario berciano Juan Manuel Salví. 'Cada vez que alguien mueve un dedo..., El Bierzo se apaga' era su lema, que causó tanto impacto que Endesa retiró en la comarca su publicidad de la salida al mercado. Veinte años después, el icono de las protestas es un 'cementerio' en el que cada cruz representa a un trabajador despedido cuando ya han comenzado las regulaciones de empleo. De la reivindicación parece haberse pasado a la resignación.

«Se convivía mejor con el conflicto de aquella», explica el por entonces delegado de la empresa auxiliar de limpieza industrial, Alfredo Peláez, sin obviar el contexto de las célebres movilizaciones mineras de las que surgieron planes de reconversión industrial para comarcas como El Bierzo. Con el proceso de privatización en marcha, Endesa había emprendido recortes de plantilla acompañados de planes sociales para sus empleados directos, al tiempo que dejaban a la intemperie a los de las empresas auxiliares. La de la limpieza de oficinas pasó de 54 a 26 operarias. Pero con las movilizaciones mantenidas durante meses lograron jubilaciones anticipadas para mayores de 55 años incluso sin haber cotizado 15 a la Seguridad Social, recuerda una de sus trabajadoras, María Luisa Sarmiento.

Los operarios se encontraron hace veinte años con las puertas abiertas de la empresa. «Lo primero que hizo el que era director aquí, Félix Alonso, fue recibirnos», señala Peláez sin esconder que entonces la dirección de Endesa en Ponferrada tenía cierta capacidad de decisión, ahora muy delegada en una compañía que pertenece a una firma italiana. Las trabajadores de las auxiliares, la parte más débil de la cadena ante un cierre programado para junio de 2020 pero acelerado por la falta de suministro de carbón en una comarca ya sin minas en activo, siguen esperando a ser recibidos por algún representante de la compañía meses después de hacerse oír en la calle y en los despachos de las administraciones.

Empleados de las subcontratas con los carteles elaborados para las movilizaciones de 1998.
Empleados de las subcontratas con los carteles elaborados para las movilizaciones de 1998. / CÉSAR FERNÁNDEZ

Del cartel al 'post' y del silbato al 'like'

Comparar dos movilizaciones separadas por dos décadas en el tiempo es pasar del celo al clic, del cartel al 'post' y del silbato al 'like'. La de 1998 quedó en la memoria colectiva de la comarca asociada a la contracampaña ideada por el creativo publicitario Juan Manuel Salví, que convirtió el dedo índice pulsando un botón en 'on' que ilustraba la ambiciosa salida al mercado de Endesa en un dedo corazón (a modo de peineta) chamuscado remedando el rayo que durante años fue logotipo de la eléctrica sobre un botón en 'off' con el lema 'Cada vez que alguien mueve un dedo..., El Bierzo se apaga'. La de 2018 y 2019 se canaliza principalmente a través de la cuenta de Facebook 'Plataforma auxiliares Endesa', cuya imagen de perfil hace un guiño a aquella campaña al rezar 'Si Endesa sopla estas velas..., El Bierzo se apaga' sobre el nombre de las empresas subcontratadas.

Salví reconoce la 'viralidad' de Facebook. «Pero a veces hay mucho postureo y se convierte en algo muy superficial. Es un canal de comuniación muy válido, pero no conviene confundir el entretenimiento con otro tipo de cosas», advierte al contrastarlo con 'fakes' o parodias que han dado mucho juego en Twitter como la que en 2010 convirtió a Movistar en 'Vomistar' ahora que las propias auxiliares tienen como lema de su pancarta 'Si cierra Compostilla II, nos vemos 'enel' paro', jugando con el nombre de la empresa italiana propietaria de la eléctrica. «La ironía y el humor pueden ser armas importantes», sostiene el diseñador de una campaña que se sustanció en carteles, gorras y camisetas con el famoso lema. «Y nos las pedían en las oficinas de Endesa en Madrid», recuerda el sindicalista Alfredo Peláez.

«Hoy te mueves más por redes sociales. Te ve más gente», destaca el portavoz de la plataforma de auxiliares, Alonso Roa, a lo que suma la ventaja añadida de facilitar el contacto con trabajadores en situaciones similares en otras térmicas de Endesa en España. «Yo lo que noto con el Facebook es que hay menos cercanía; es algo más anónimo», matiza Peláez. «Dar a 'me gusta' no cuesta, pero venir aquí a mojarse y pasar frío sí cuesta», admite Roa en el campamento permanente habilitado a las puertas de la central con las cruces por cada trabajador despedido en forma de cementerio.

Precisamente el cementerio es el icono de esta movilización en Cubillos del Sil. «Pero yo me he enterado por la prensa. Y no todo el mundo lee la prensa. Las protestas más visibles son en el centro de Ponferrada. No por eso vas a obtener resultados, pero sí vas a conseguir más concienciación», opone Salví, mientras los trabajadores reconocen que en la calle se palpa la resignación de una comarca que parece abocada a apagarse lentamente.

Protestas sin eco

Pero esta vez su voz no ha encontrado eco. «De aquella las administraciones, principalmente la Junta de Castilla y León, se mojó mucho», subraya Peláez en alusión a un acuerdo a tres bandas con sindicatos y Endesa por el cual la eléctrica derivó fondos que asentaron en torno a la industria eólica un sector alternativo con ayudas directas millonarias a empresas como LM y Coiper 2000. Y no fueron, paradójicamente, los trabajadores de las auxiliares los más beneficiados de hipotéticas recolocaciones al apenas contabilizar ocho casos en la factoría de palas eólicas de LM. «No nos cogían por la edad o por el nivel de estudios», recuerda otro de aquellos operarios protagonista de dos movilizaciones separadas por veinte años, Antonio Fernández, mientras su compañero Ángel Vega cita la mediación entonces de la Fundación Santa Bárbara para buscar empleos alternativos.

Las soluciones en forma de bajas incentivadas a mayores de una determinada edad o recolocaciones brillan ahora por su ausencia mientras Endesa habla de plan social y el Gobierno de la nación de transición justa. «Ni la Junta, ni Endesa, ni nuestras empresas están ayudando», censura el portavoz de la plataforma de auxiliares, Alonso Roa, que advierte a los políticos que se están «dejando engañar» por «globos sonda» de la eléctrica, que llegó a anunciar inversiones de 240 millones de euros para instalaciones solares fotovoltáicas y la posibilidad de situar un almacén de logística de sus parques eólicos en el espacio ocupado ahora por la central, para cuyo desmontaje ha contratado a empresas externas sin contar con las auxiliares actuales, cuyos operarios están buscando salidas de forma individual. «Endesa ni está ni se le espera. Y la dirección actual vino a poner el candado», denuncia otro de los trabajadores afectados, Eduardo Ortega. «Entonces no había tanta urgencia, pero ahora la situación ya adquiere tintes dramáticos porque dan largas y no soluciones», apremia Peláez.

Alfredo Peláez (izquierda) y Alonso Roa (derecha), portavoces sindicales de 1998 y 2019, respectivamente
Alfredo Peláez (izquierda) y Alonso Roa (derecha), portavoces sindicales de 1998 y 2019, respectivamente / CÉSAR FERNÁNDEZ

Manga ancha antes de la Ley Mordaza

La implicación fue tan importante en 1998 que, diez años después, las partes firmantes de aquel acuerdo entre Endesa, la Junta y los sindicatos volvieron a sentarse para destinar un saldo pendiente de inversión de 852.000 euros precisamente a la implantación de energía solar en dependencias institucionales de municipios bercianos, una ironía del destino vistos los pregonados planes de la eléctrica para los trabajadores actuales, que han recibido en el campamento a políticos de distintos colores sin ningún compromiso en firme. «Nos dejan buen sabor de boca apenas cinco minutos», lamenta Antonio Fernández. «Desanima el poco caso que nos hacen», tercia Ángel Vega. «Poco no, ninguno», apostilla Eduardo Ortega sin evitar echar la vista atrás, a los tiempos en los que a la presión en la calle se respondía con acuerdos en los despachos.

Con la perspectiva de dos décadas de diferencia, las movilizaciones han caído en nivel de intensidad. «Aquella fue más movida; esta es más pacífica», considera José Augusto Fernández. Había entonces un caldo de cultivo generado por las manifestaciones mineras, muchas veces a las puertas de la central para impedir el paso de carbón de importación. «Nosotros nos sumábamos. Y la policía no te preguntaba si eras minero o trabajabas para Endesa», subraya Peláez. La Ley Mordaza también hace de efecto disuasorio, aporta Toribio Gómez al recordar las 15.000 pesetas de 1998 que tuvieron que pagar por cortes de carretera no solicitados. «Entonces nos dieron cierta manga ancha. Hoy estaríamos en (la cárcel de) Mansilla (de las Mulas)», dicen estos trabajadores que se encontraban precisamente en una manifestación en la calle ajenos a la firma del convenio que el 4 de diciembre de 1998 paliaba los recortes de plantilla que estaban sufriendo. Claro que de aquella apenas había teléfonos móviles para avisar y faltaban años para el lanzamiento de Facebook.

Operarios con la pancarta de las movilizaciones actuales.
Operarios con la pancarta de las movilizaciones actuales. / CÉSAR FERNÁNDEZ