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Cultura y Ocio
REPORTAJE
El monte de la muerte
Las exhumaciones en el monte de Estépar localizan cuatro fosas comunes con cerca de noventa cuerpos de hombres asesinados en la Guerra Civil
Trabajos para exhumar los restos en Estépar. (Foto: Ricardo Ordóñez)
Trabajos para exhumar los restos en Estépar. (Foto: Ricardo Ordóñez)
L. Sierra
26/07/2014
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Estépar es una pequeña localidad situada a 21 kilómetros de la capital burgalesa. Pese a poseer un pasado ligado a la agricultura y la ganadería y ser cruce de caminos, la mayor parte de la ciudadanía actual reconoce al municipio como uno de los puntos más negros de la historia del franquismo. Fuentes orales han señalado durante décadas al monte de Estépar como el terreno en el que fueron fusilados cientos de hombres durante los primeros meses de la Guerra Civil Española. Una especie de leyenda demasiado viva que ha quedado confirmada hace apenas unos días, tras la aparición de 76 cuerpos de ciudadanos que perdieron la vida en el enfrentamiento de 1936.

Impulsada por la Coordinadora por la Recuperación de la Memoria Histórica de Burgos, y con el apoyo de la ciudadanía que ha colaborado en una campaña de crowfounding para recabar fondos económicos, las labores de exhumación de una de las fosas comunes con más cadáveres de todo el país arrancaron esta semana tras años de espera. “Llevámos años, décadas escuchando a los nuestros que estos hombres fueron fusilados y enterrados en este paraje y ya era hora de hacer algo”, explica a Ical una de las voluntarias de la CRMH de Burgos que desde el pasado lunes pasa día, tarde y casi noche a pie de fosa.

Tras realizar una primera inspección, el equipo que lidera el antropólogo forense Francisco Etxebarría, y en el que trabaja el arqueólogo Juan Montero, localizó cuatro fosas comunes al lado de una de las encinas que reinan en el apacible paisaje del monte de Estépar. Una zona demasiado tranquila en la que yacen los cuerpos de alrededor de 90 hombres jóvenes y de mediana edad a los que el golpe de Estado de 1936 les arrebató la suerte de seguir viviendo.

Dos días después de localizar las cuatro fosas, las tareas se dirigieron en la exhumación de los cuerpos. “Aparecen con signos de rabia, tirados, no se puede ni mirar para abajo porque se le ponen a uno los pelos como escarpias”, destaca un vecino de Estépar que como tantos otros recela de dar su identidad por si le identifican “con algún rojo”. “Nosotros venimos aquí a mirar porque no nos parece justo lo que se hizo con esos chavales. Llegaban al pueblo pensando que les iban a soltar en el monte y les mataron como a conejos”, concluye.

Imagen de los trabajos de exhumación. (Foto: Ricardo Ordóñez)

Obligado trabajo

La cara de Francisco Etxebarria refleja el cansancio tras días de trabajo. Bajo un sol de justicia y con el escaso resguardo que ofrecen unas telas colocadas a modo de tienda de campaña, sigue picando para desenterrar “un trozo muy importante de la historia de este país”. Así lo entiende una de las caras más visibles de la Recuperación Histórica que entiende que “los cuerpos que ahora vemos son el resultado de unos asesinatos cometidos de la forma más impune”.

“Fue en el verano de 1936 cuando los falangistas trajeron en grupos a hombres de la prisión para fusilarles en este paraje. Así se ha sabido y así lo comprobamos ahora tras realizar los sondeos y las primeras exhumaciones”, recalcó el antropólogo forense.
El resultado: la localización de cuatro fosas comunes en las que se contabilizan alrededor de noventa cuerpos, de los que 76 ya han salido a la luz a expensas de poder trabajar en una cuarta fosa.

"Hasta la fecha, y a falta de que entre mañana domingo y el lunes concluyan las labores en Estépar, podemos decir que estos hombres eran jóvenes, todos ellos varones, y que fueron asesinados a pie de fosa”, indica Etxebarría.

Uno de los cuerpos localizados en la fosa. (Foto: Ricardo Ordóñez)

Monedas y botones

Un simple vistazo a la fosa deja helado al más duro. Los restos de los que otrora fueran responsables de partidos de izquierda, músicos, maestros, comerciantes o simples obreros son, 76 años después, un conjunto de huesos sin rostro ni apellidos. “Vemos como todos fueron asesinados por impacto de bala”, agregó el forense, “algunos incluso tienen siete tiros en la base del cráneo y uno de remate, el que llamaban de gracia”, aseveró.

Junto a los restos ha ido apareciendo las pocas pertenencias que trajeron de la cárcel: calzado, ropa de la que solo se han conservado algunos botones y monedas de la España republicana que alguno de los fusilados conservó para tiempos mejores que nunca llegaron.

A pie de fosa, Etxebarría contempla el terreno en el que se está trabajando con un convencimiento: “serán más cadáveres los que vayan apareciendo en futuras campañas porque debajo de estos hombres puede haber otros muchos sepultados, muchos más”. Por el momento, el trabajo se realiza de forma rápida “porque todos los que trabajamos somos expertos en ésto”. “Ahora solo resta que alguien nos apoye, que no es poco”, agrega.

Varios cuerpos, en el interior de la fosa. (Foto: Ricardo Ordóñez)

Poner nombres y apellidos

Exhumados los cuerpos, “lo más duro es ver cómo un familiar le pone la carne al hueso”, estima Etxebarria. Poner nombre y apellidos a un cuerpo no es tarea sencilla ya que con exhumar el cuerpo no vale. “Me llevaré todos los restos a mi departamento del País Vasco para poder examinarlos y realizar las pruebas de ADN correspondientes”, indica el forense. Una labor que requiere de la implicación directa de los familiares de aquellos que fueron fusilados que de forma más o menos anónima se han ido acercando hasta Estépar para hacerse los análisis de sangre correspondientes.

“No se han acercado muchos porque algunos viven lejos o en otros países, pero sí que han venido a dejarnos muestras de sangre para poder encontrar a sus padres o abuelos”, explica uno de los voluntarios. A los que se acercaron hasta Estépar como la nieta del que fuera responsable de la Casa del Pueblo de Burgos, se les invitó a recordar cómo era su familiar. “Necesitamos saberlo casi todo para poder identificar a los cuerpos. Si eran altos, si tenían alguna discapacidad, si llevaban algún traje por ser de un destacamento o una ropa especial. Todo es necesario cuando partimos de la nada”, explica uno de los encargados de hablar con los familiares.

Más de 300 cuerpos del Penal

Las fosas comunes de Estépar contienen los cuerpos de entre 300 y 400 presos del Penal de Burgos. Así lo atestiguan fuentes consultadas aunque será el tiempo quien determine el número de cuerpos que fueron depositados en un terreno arenoso que en la actualidad se encuentra pegado al trazado de las obras del AVE que unirá Burgos con Valladolid.

Entre los nombres de quienes se cree que perecen en esta zona se encuentra un una figura muy ligada en la ciudad de Burgos, la del compositor Antonio José. El reconocido músico burgalés Antonio José Martínez Palacios, de 33 años, fue fusilado el 11 de Octubre de 1936 en las proximidades de Estépar. Así lo recogen las crónicas del momento, que estiman que el cuerpo sin vida del folclorista yace junto al de su hermano Julio. Ambos fueron detenidos el 7 de agosto en su domicilio de Burgos por un pelotón de falangistas y conducidos al penal de la capital burgalesa donde entraron en contacto con muchos de los hombres que corrieron la misma suerte que ellos.

La detención de Antonio José causó un gran revuelo en aquel verano de 1936. La conocida faceta del director del Orfeón Burgalés llevó a solicitar su excarcelación ante las autoridades de los sublevados. No fue posible.

De noche, y junto a otros 23 presos de la Cárcel de Burgos, entre los que figuraba su propio hermano y el director de Burgos Gráfico, Antonio Pardo, fueron fusilados junto a la zanja en la que fueron arrojados sus restos. Acababa así una fulgurante carrera musical con la que Antonio José obtuvo el Premio Nacional de Música.

La de Antonio José es una de las muchas historias que se encuentran dormidas bajo la tierra de Estépar. Será el paso del tiempo, y la ayuda desinteresada de quienes han aportado su granito de arena para conseguir los 14.000 euros necesarios para poder realizar las labores de exhumación, los que pongan rostro y apellidos a quienes perdieron la vida durante aquel verano en el que nunca llegó a salir el sol. 

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