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Andy celebra el 2-1.
Andy celebra el 2-1. / SDP

segunda b

Un triunfo de altas pulsaciones

  • La Ponferradina sufre para sumar su tercera victoria consecutiva pero logra llevarse el triunfo en un final loco con cuatro goles en quince minutos

Con sufrimiento sabe mejor, o eso dicen. Bien lo podrían explicar los aficionados de la Ponferradina, que vivieron un último cuarto de hora de partido de alta tensión en el que hubo cuatro goles que mantuvieron en vilo a la grada de El Toralín. Para alegria de los bercianos, la victoria se quedó en casa con el 3-2 final.

Era el partido de la confirmación. La Ponferradina no ha demostrado su mejor fútbol pero, como los equipos punteros, sabe ganar sin mostrar sus mejores condiciones. Pero esto tenía que cambiar, y los deportivistas debían mostrar su cara más amable ante su gente para que la ilusión no decaiga.

Con este objetivo saltaron al césped de El Toralín, pero a los bercianos le costó mucho de inicio. Tan solo un disparo de Abel Moreno que se fue alto sirvió como aviso para una Arandina que estaba a la expectativa de hacia dónde se decantaba el encuentro.

Pasada la media hora de juego, llegó el premio para los blanquiazules. La Ponferradina se adelantó en el minuto 35 por medio de Chavero y esto fue la pócima mágica para los de Manolo Herrero. En los últimos diez minutos, el árbitro anuló un gol a Figueroa y, minutos después, Nacho Zabal sacó un gran remate del canario. Llegó el descanso, que frenó el acelerón berciano en busca de abrir hueco en el marcador.

Locura final

Tras el paso por vestuarios, el guión era similar. Los de Manolo Herrero mandaban sobre el verde, pero poco a poco esa efusividad en ataque y ese control del partido se fue perdiendo. Pese a ello, tuvieron el 2-0 cerca, con un testarazo de Figueroa que detuvo Zabal y un disparo de Abel Moreno que se fue alto.

Y, de repente, la alerta roja se encendió en El Toralín. Carlos empataba el partido para la Arandina con apenas 16 minutos para reaccionar. La moral blanquiazul comenzó a decaer y el incendio parecía cernirse sobre el estadio ponferradino. Pero entonces Andy se vistió de bombero y sofocó las llamas con un rápido gol al que se sumó el tanto de Figueroa, impetuoso durante todo el partido, para dar tranquilidad a la grada.

O eso pensaban, porque la calma no encontró la puerta de entrada. Los últimos minutos fueron de alta tensión a causa del gol ribereño, obra de Leo Ramírez, en el minuto 86. Los castellanos trataron de conseguir el empate con un arreón final que la Ponferradina supo aguantar para sumar su tercer triunfo consecutivo.