Los promotores de la plantación de 300.000 almendros en Fabero buscan 220 hectáreas

Almendro entre viñas en el Bierzo.
Almendro entre viñas en el Bierzo. / César Sánchez

El proyecto, de un alto nivel tecnológico, solo podría ser viable si los promotores pueden adquirir todas las fincas previstas

D.ÁLVAREZFabero

El proyecto que prevé ubicar en varias zonas del municipio berciano de Fabero una plantación de 300.000 almendros y 30.000 nogales se hará realidad solamente en caso de que la familia promotora de la iniciativa pueda adquirir todas las fincas de los parajes de la Llana de Sésamo, la Lana de San Pedro y Pedragales, para completar una superficie de 220 hectáreas en las que se plantarán los árboles y se instalarán las naves de almacenaje y procesado. El impulsor del proyecto, Ángel Pérez, se reunió hoy con los propietarios de fincas en esos parajes para presentarles la iniciativa y solicitar su colaboración para echar a andar un proyecto “ilusionante”.

La iniciativa cuenta con un presupuesto inicial superior a los 10 millones de euros y la previsión es que se produzcan varios miles de toneladas al año, que se destinarán principalmente a la exportación, aunque habrá una línea de negocio dedicada a generar un mayor consumo a nivel nacional. El objetivo fundamental del proyecto, explicó Pérez, es “reinvertir las ganancias en la zona, ya sea en la propia plantación o en otro tipo de proyectos”. La familia responsable de la iniciativa, con raíces en la zona, dispone de empresas en varios sectores y su vinculación con el mundo agrario tiene que ver con empresas asociadas al cereal en la zona centro del país.

Proyecto altamente tecnológico

La naturaleza del proyecto, “totalmente tecnológico”, exige que los propietarios de la zona vendan a los promotores de la iniciativa todas las fincas situadas en el paraje, para que los impulsores de la idea puedan inscribirlas en el Registro de la Propiedad. La necesidad de que la venta se produzca a nivel global intenta evitar que los derechos de paso, las servidumbres de riego o la contaminación que podría llegar de otros terrenos colindantes perjudiquen a la buena marcha del proyecto, que en un plazo de tres años podría tener lista su primera producción.

Ángel Pérez (C), miembro de la familia Pérez, propulsora del proyecto para plantar 300.000 almendros en Fabero (León), durante la reunión con los propietarios de fincas. / César Sánchez

En ese sentido, la plantación tiene el objetivo de ser sostenible y trabajar con procedimientos ecológicos en cuanto al tratamiento del suelo o del riego. El “complejo sistema informático” que controlará la plantación será el encargado de actualizar los análisis químicos que determinen los tratamientos a efectuar en un suelo de secano como el de Fabero. Así, el proyecto exigirá “mucha agua” e invertirá en primera instancia más de medio millón de euros para dotar de fertilidad al suelo, a través del aporte de sustancias como nitrógeno, fosfato, potasio y magnesio.

Además, los promotores negociarán convenios con varias universidades para mejorar la formación de los empleados. En esa línea, el objetivo es que los estudiantes puedan investigar adelantos tecnológicos que se puedan aplicar a la plantación, así como que desarrollen sus prácticas y doctorados en la zona. “Queremos dinamizar la zona, que el valle vuelva a ser lo que era y que si existen las famosas cerezas del valle del Jerte, ¿por qué no van a existir las almendras y nueces de la cuenca minera?”, resumió Pérez.

Nivel de empleo

En cuanto a los puestos de trabajo que podrían ir asociados a la iniciativa, Pérez aseguró que “estimar el nivel de empleo a estas alturas es complicado”, aunque avanzó que los puestos que se creen estarán ocupados por gente de la zona y “surgirán desde el primer minuto”. Además, la automatización de los diversos procesos estará vinculada a la posibilidad de contratar a un mayor número de personas.

En ese sentido, se creará empleo directo en la plantación y en la industria asociada, puestos de trabajo que se dedicarán al tratamiento y procesado de frutos, en tareas como el secado, embolsado y transporte del producto. Además, habrá empleo subsidiario en labores como poda, limpieza y recolección. Por último, el descascarillado del fruto producirá una serie de residuos que se pueden utilizar en industrias como la producción de pellets, harinas, cosméticos o compost. “Comercialmente, surgirá todo un mundo alrededor de la plantación”, adelantó Pérez.

Imagen de la reunión. / César Sánchez

Ayudas públicas

El encuentro de hoy tenía por objetivo “exponer el proyecto a los vecinos y comprobar si les interesa”, explicó Pérez. En caso de llevar adelante el proyecto, las fincas se venderían atendiendo a una tasación oficial. En esa línea, Pérez recordó que “el proyecto surge con fondos propios”, de manera que “la viabilidad no depende de que existan o no ayudas”. “No se renuncia a recibir ayudas, se conceptúa sin ellas”, matizó el promotor del proyecto, que aseguró que en caso de recibir subvenciones éstas se destinarían a mejoras relacionadas con la ecología o la calidad del empleo.

Los planos de las fincas afectadas por el proyecto quedarán expuestos en las dependencias municipales de Fabero para que los vecinos puedan consultar la información y “meditar su decisión”. Al respecto, Pérez destacó que los terrenos escogidos son de “menor valor agrícola” que otras tierras del municipio, lo que los hace más fáciles de adquirir. Además, su situación, alejada de zonas urbanas, permitirá realizar controles contra las heladas sin que el ruido moleste a los vecinos.

Por su parte, la alcaldesa de Fabero, Mari Paz Martínez Ramón, calificó el proyecto de “muy interesante” y recordó que el papel del Consistorio se limitó a poner en contacto a los promotores del proyecto con los propietarios de fincas para llegar a un acuerdo. Martínez Ramón ofreció la ayuda del Ayuntamiento para agilizar los distintos trámites y no descartó solicitar ayudas a otras instituciones para la puesta en marcha del proyecto. En esa línea, recordó que las ayudas de los Fondos Miner para proyectos empresariales han quedado desiertas en los últimos años.

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